¿Chapucería o calidad?

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El término empleado para referirnos a algo o alguien que cumple parámetros necesarios en determinada esfera de la vida es calidad.

Créame que los esfuerzos por ser óptimos no bastan. Los resultados deciden a favor o en contra de cómo catalogar productos, proyectos o personas.

Para todo lo que nos propongamos, aunque parezca exagerado, hay normas, que de no respetarlas, arriesgamos el fruto que obtendremos.

 

El tema en un país subdesarrollado y bloqueado es reto cotidiano. Para muchos es utopía pensar e intentar poner en práctica la calidad en cada acto en esta Isla.

Para otros, soñadores, perseverantes, exigentes, implacables con la chapucería, no hay modo de frenarlos. Son indetenibles como los miembros de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR).

Ellos por estos días reciben el reconocimiento de todos los que los admiran como altruistas de nuestra economía. La jornada de la calidad en cualquier entidad cubana coincide con el homenaje a dos héroes de la victoria de Enero de 1959: Camilo y Che.

Ellos fueron y siguen siendo ejemplo y acicate para quienes valoramos el poder de exigirnos a nosotros mismos, el sentido de la responsabilidad, la dimensión de no permitirnos hacer las cosas mal.

Para aquella persona que considere estas palabras como huecas, revise, analice qué planes tiene en su vida personal o laboral y qué procedimientos seguirá para llevarlos a cabo.

De seguro entenderá de qué le estoy hablando. Sabrá que si falla en alguna de sus ideas, tendrá que reajustar su proyecto, pues ya no será el mismo que soñó.

Calidad es eso: trazar un camino de principio a fin con un objetivo. Nada será improvisado. Habrá que describir rigurosamente el modo de hacer y, luego, ser exactos en su cumplimiento.