El intercambio de roles ayuda mucho en el desarrollo de las relaciones familiaresSi un niño se cae y grita de dolor por el golpe recibido, sin contemplaciones, el padre lo requiere a levantarse con una frase: “deja de lloriquear que los hombres no lloran”…
Por costumbre o tradición, algunos hogares conservan elementos de una educación patriarcal y dan un trato a los niños, opuesto al de las niñas, lo que incide en la futura formación de la personalidad del niño.
En la actualidad, determinar el sexo de la criatura antes de que nazca, resulta importante para la gran mayoría de las madres, urgidas de dar señales de este hecho, a través, por ejemplo, de la confección de la canastilla con los colores, rosado y azul. A medida que crece, juegos infantiles y juguetes, harán la diferencia entre uno y otra: las muñecas, los carritos, las casitas, las pistolas, juegos de enfermería, los patines…
Se sabe que los niños no son conscientes de su sexo hasta los dos años, recién entonces comienza a identificarse como niño o niña, aunque sin claridad en su significado; entre los cuatro y siete años empieza a aceptar que esto representa tener un atributo , diferente, especial.
Los estereotipos son las típicas características masculinas y femeninas adquiridas culturalmente. A medida que crece, el infante se apropia de esos estereotipos ligados al hombre y la mujer en las diferentes culturas.
¿Acaso porque un niño juegue con muñecas, o llore cuando se da un golpe, pierde masculinidad? ¿Por qué brindar solo atención a la niña, si tanto ella como el pequeño, requieren por igual de orientación y cuidado?
Para la mayoría de las personas, atributos femeninos o masculinos, están fijados por la genética o porque “siempre ha sido así”. Por eso generalmente se recompensa al niño cuando realiza un comportamiento adecuado a su género, ya sea fajarse, no llorar, estar todo el tiempo en la calle, tener novia a temprana edad, y son discriminados o ridiculizados cuando hay una actitud que no es apropiada a su condición sexual, como es jugar con las muñecas, a las casitas, incluso, apreciar el ballet.
Son los padres los que marcan la diferencia con eso de masculinos y femeninos; inclusive hay madres que les sirven el plato más grande excusándolo de hacer las labores domésticas. Y si el padre no llora y se muestra insensible en sus emociones, demanda para su hijo, que sea como él:”tienes que ser como papá, grande, fuerte y no llora”.
A veces en la descendencia, se inculcan los modelos culturales en que fueron educados los padres y pasa de generación en generación, con la herencia de sumisión e inseguridad en el caso de las mujeres y de dureza y hombría en los hombres.
Claro, el medio hogareño actual, no es como el de nuestros abuelos, donde el marido, era el sostén da la casa y la autoridad suprema, mientras la esposa asumía un papel protector, como de custodio. Hoy, ella no se dedica solo al cuidado del hogar y los hijos, sino que su papel ha variado, debido a los niveles de responsabilidad y educación que ha alcanzado en la sociedad, hoy, la mujer es infinitamente fuerte e independiente.
El intercambio de roles ayuda mucho en el desarrollo de las relaciones familiares: tender la cama, lavar, preparar la comida, fregar, reparar alguna rotura, esto fomenta en los hijos e hijas la colaboración, independencia, la igualdad y el colectivismo.
Lo más elemental es saber que la responsabilidad y el conocimiento de pertenecer uno u otro sexo, no es una premisa que nos hace diferente a la hora de enfrentar responsabilidades. Lo que importa es educar a nuestros niños y niñas en igualdad de condiciones, si limitar su libertad con estereotipos preconcebidos, sino que cada uno decida que puede hacer como hombre y mujer que serán en el futuro.


