¿Ignorancia o Indolencia?

English Version

La prevención de accidentes en niños debe hacerse desde que nacen, desde la cuna.

En San Antonio de los Baños hubo que lamentar este año el fallecimiento de un neonato y por eso está afectada la tasa de mortalidad infantil en el municipio. El colecho fue la causa, es decir, acostar al lactante en la misma cama con los adultos y asfixiarlo, inconscientemente, mientras estos dormían.


Los accidentes siempre son prevenibles. Los riesgos de que ocurran aparecen precisamente asociados a desplazamientos que el menor hace de acuerdo con su edad. Esto significa que la familia debe ayudar a los futuros padres a comprender la necesidad de cuidar bien al bebé. No se trata de sobreprotegerlo, tampoco de suponer que no le ocurrirá nada.

El médico, desde su consultorio, también es un factor importante en la prevención de cualquier problema biopsicosocial. Tiene las herramientas cognitivas que le aseguran la comunicación con sus semejantes en temas diversos, que no son puramente de salud.  
Su protagonismo le facilita conocer cómo vive cada núcleo hogareño, visitarlo y convertirse en líder de opinión, al cual se le escucha y respeta. El detalle es valioso porque el facultativo debe orientar y velar porque se cumplan determinadas exigencias que redundan en mejores hábitos, menos accidentes y mayor calidad de vida.

El colecho, la broncoaspiración, el niño asfixiado en una tina con agua, el que introduce el dedito en un tomacorriente desprotegido o al que otro infante mayorcito carga como muñeco y le provoca algún golpe, constituyen hechos tomados en estadísticas como accidentes.
En realidad hay falta de visión, inadecuada atención por parte de los adultos. Ellos son responsables por todo lo que acontece alrededor del infante. No dar importancia a la recomendación, sabia y a tiempo, es sinónimo de exponernos a situaciones inseguras.

Resulta lamentable para la familia, en primer lugar, y para la sociedad, en general, la ocurrencia de accidentes de cualquier tipo en nuestros niños y jóvenes. La educación para la salud alerta de las probabilidades de estos hechos, según la edad de los individuos.

La ignorancia no nos justifica, la indolencia nos condena. Por mucha angustia que nos cause el tema de los accidentes en niños, nada podremos hacer para volver atrás el tiempo. Solo la precaución, la atención debida a cada detalle que favorezca el crecimiento sano de nuestros hijos, nos permitirá disfrutar la vida junto a ellos y ayudarlos en su formación como hombres de mañana.