Hay mucho que hacer aún para que la educación formal de los cubanos alcance los niveles deseados y sea verdadera expresión de nuestra cultura, porque ser educados no cuesta trabajo. Los hábitos elementales que hacen a una persona educada tienen un amplio diapasón para expresarse en la sociedad. Cuidar de ellos e inducir en su práctica a niños y jóvenes, de manera consciente para lograr una feliz convivencia humana.
Estar conscientes de que la comunidad donde vivimos nos pertenece a todos, es la premisa. Allí están las familias que la habitan, los factores políticos y sociales que rigen su organización, los centros docentes, laborales, las instituciones culturales, y todo lo relacionado con los servicios necesarios para desarrollar una vida sana y plena.
Nos acercamos a los jóvenes en franco diálogo para conversar sobre la educación formal y oímos criterios al respecto.
Yunior Gómez, estudiante de preuniversitario opina que dentro de sus compañeros es normal hablar casi a gritos e incluso en ocasiones con palabras de mal gusto o groseras, chiflar cuando no simpatizan con algo, gritos en plena calle e incluso con las nuevas tecnologías se mantienen con los audífonos puesto cuando conversan en grupo.
Diana Pérez, compañera de estudio apunta que los ruidos, entre los que incluye la música a altísimos decibeles, se torna un modo de sobresalir sin darnos cuenta que denota un bajo nivel de educación formal.
Clara Ruiz refiere una experiencia en el barrio donde vive. Es normal oir a cualquier hora del día e incluso de la noche la música proveniente de un equipo con amplificación que sin importar cuánto molesta al resto de las personas e incluso llega a provocar enemistad e irritación entre los vecinos porque impide ver la televisión o conversar dentro del ambiente del hogar.
Una amplia gama de requerimientos psicosociales intervienen en la educación del ser humano con la insustituible responsabilidad individual y colectiva a propósito la Psicóloga Carubi Capote nos señala que es una realidad la pérdida de valores no lo circunscribo a Cuba sino en el mundo entero por el poco tiempo que se le dedica a la comunicación, a las relaciones interpersonales, a la vida de comunión en el hogar.
La especialista profundiza en el papel de la familia, en primer lugar, con la incidencia de la escuela, la sociedad en la educación y formación de valores que luego serán expresados en las relaciones con los compañeros de la misma edad y en el entorno social. Insiste que no debemos olvidar que los adolescentes y jóvenes viven la etapa de hallazgo en que la maduración intelectual y emocional necesita de la orientación y que en ello estamos involucrados todos desde el respeto a sus criterios, llevarlos a valoraciones que se correspondan con nuestra idiosincrasia, costumbres y valores a partir del protagonismo dentro de la sociedad.
Obligados a padecer de estas muestras de malos hábitos de conducta social reflexionemos. Todos los ciudadanos en Cuba tenemos el derecho de disfrutar de una vida sana y plena y a su vez el deber allí en la comunidad, de respetar al otro para lograr la armonía en las relaciones interpersonales lo cual exige buenos hábitos de conducta social, para garantizar la prevalencia de la solidaridad y el respeto que debe existir en la sociedad revolucionaria.
Las condiciones están creadas: la familia, la escuela, las casas de cultura, las organizaciones de masas, los agentes de orden público en fin, todas las instituciones de una comunidad. Cultivar las manifestaciones de respeto, de cariño, de afabilidad, de solidaridad, desde las primeras edades es una necesidad impostergable. Realmente las faltas de buenos modales y las groserías, no tienen nada que ver con las características tradicionales de nuestro pueblo.
Sobre la educación formal, el comportamiento de los jóvenes y la formación de valores en nuestro país sigue en pie, reflexionemos juntos acerca de que la responsabilidad es de todos y en todo momento de la vida ¿no lo cree así?