El llamado es urgente: Cuidemos el entorno

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El entorno nos pertenece pero si de la vida futura se trata pensemos que los niños y jóvenes de hoy son los trabajadores, tomadores de decisiones y educadores del mañana; por eso han de tener una conciencia clara de lo que significa el medio ambiente, las ciencias de la Tierra y cómo solamente este conocimiento puede llevarse a la humanidad para mantener y mejorar la calidad de vida.

¿Cómo enseñar a amar a la naturaleza? Lo lograremos si ante la percepción de las flores, la belleza natural de un paisaje, en el disfrute en el río, en las playas o en una base de campismo reconocemos el servilismo de la naturaleza que sin mucha exigencia nos lo ofrece todo, solo y con la única premisa de que la cuidemos.

Es lastimoso apreciar como la familia se traslada a  lugares públicos y al concluir deja una estela de basura o desechos de alimentos que revelan la falta de cultura ambiental, en no poco casos hay niños y jóvenes que presencian estos actos. La realidad sería otra si lo colocamos en un depósito y si no existe lo llevamos con nosotros y lo dejamos donde no deteriore el ornato o afecte la higiene.

Si de promover el amor hablamos programarnos la visita a Museos de Ciencias Naturales por supuesto con nuestros hijos; en ellos se podrá interactuar en los especialistas  en actividades instructivas para aprender a cuidar y proteger el entorno a partir del conocimiento del hábitat de las especies, los ciclos de vida y como la cacería indiscriminada y otras acciones depredadoras del hombre han contribuido a la desaparición de muchas de ellas.

En las escuelas se convoca a múltiples iniciativas: concursos de pintura y literatura, el reciclaje, la recuperación de materia prima, la limpieza de las márgenes de los ríos o las costas de las playas todas juegan un rol importantísimo para la economía y a favor del cuidado del medio ambiente, con ellos inculcamos la higiene ambiental, la salud de nuestro planeta y contribuimos a preservar la vida pero sigue siendo insuficiente y el tiempo se nos acaba.

El cambio climático, el incremento de la intensidad de los huracanes y las inundaciones costeras entre otros fenómenos atmosféricos de envergadura que hoy nos afectan son argumentos para que entendamos la respuesta de la naturaleza a tanta indolencia.
En Cuba, las cuencas hidrográficas, resultan de gran importancia no sólo por el agua almacenada pero se impone el cuidado. Hablamos, entre ellas, de la Cuenca del Río del Ariguanabo, la cual recibe el impacto humano y la mantiene en deterioro a pesar de los esfuerzos de las instituciones estatales y del gobierno.

Los factores que la dañan son variados, el más nocivo es la acción del hombre, que provoca graves desequilibrios ecológicos. La abundancia de focos contaminantes (asentamientos poblacionales, industrias y otras entidades), requieren de atención inmediata.

Vincular más a los centros escolares y laborales a estas acciones de saneamiento nos educaría a todos en el cuidado y conservación del entorno donde vivimos, diseñamos nuestros sueños y más aún es el único escenario para perpetuar la existencia de la humanidad.
Entonces reflexionemos, convivimos en este mismo escenario, tenemos la responsabilidad de promover desde el conocimiento y la percepción de riesgo las consecuencias de las conductas irresponsables que a diario pasan a nuestra vista y hasta las acatamos como normales.