No hay tarea por difícil que sea en las manos de una mujer, el mal llamado sexo débil. A cada minuto, la constancia, esmero, entrega y fuerza que ponemos en todas las acciones de la vida social, política y productiva.
La mujer inspirada en el ejemplo de Mariana Grajales, sin descuidar los deberes hogareños y para con su familia, se esfuerza todos los días en los campos de la ciencia, la investigación, educación, cultura con tanto amor, como la obra colosal, que no termina nunca y recién apenas comienza.
La mujer inspira cariño, respeto, solidaridad por una igualdad de derechos que la convierte plena en las dobles y triples jornadas que enfrenta hoy y en los que a cada minuto se ha dado a crecer. Por eso se siente la fuerza y funciona en el avance de los programas de la Revolución, en la Vanguardia, siempre en primera fila de combate para hacerse velar sin distinción de sexo.
El protagonismo de la mujer se siente en la América que se levanta como una libertad que ya no es un sueño, porque como dijera José Martí:“Las campañas de los pueblos son débiles, cuando en ellas no se alista una mujer”.

