Por un camino más corto hacia el consumidor

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La compleja situación que hoy afronta el país en materia económica obedece a la inobservancia –durante mucho tiempo– de las leyes fundamentales que rigen la economía, además de factores externos como el bloqueo, la crisis mundial, y las secuelas del derrumbe del campo socialista.

Con frecuencia comprobamos que no siempre tener dinero, garantiza todas las necesidades. Por lo general, la variedad y abundancia de los productos indispensables en la vida, han escaseado o se adquieren a altos precios.

La puesta en marcha de medidas de profundo calado en la economía cubana, se enfrenta a problemas organizativos, lentitud de los mecanismos financieros, ineficiencia en la contratación empresarial y la falta de gestión en las redes del comercio interior (MINCIN).

Estas deficiencias mellaron la liquidez para planificar los gastos del país y también la calidad de vida de los cubanos. Productos de aseo personal, insumos agrícolas, materiales de la construcción, y pan liberado, sumaron una larga lista de bienes y servicios que no llegaron a su destino final: la población durante el pasado año.

A pesar de la aceptación del programa de materiales de la construcción para mejorar la situación habitacional del país las ventas minoristas apenas rozaron la mitad de lo previsto. Varios órganos de prensa  abordaron la insuficiente oferta de varios surtidos, precisamente los más solicitados, como áridos, bloques y tanques de agua; los planes productivos por debajo de la demanda y de las capacidades de la industria; las limitaciones en las transportaciones; materiales acumulados sin precios minoristas y los inventarios de productos con lenta o nula salida debido a los precios o la mala calidad. Como colofón, fueron detectadas violaciones a la organización establecida para las ventas liberadas.

Por otro lado, los planes de circulación minorista no pueden ser camisas de fuerza, sin tener en cuenta las condiciones objetivas que existen en los territorios. En este sentido varios expertos coinciden en que resulta paradójico que, aún cuando en 2011 solo se llegó a la mitad de lo esperado en lo puesto a la venta de materiales de la construcción, para este año se dupliquen los planes sin avistarse fuertes acciones inversionistas en esa industria.

Considero que mecanismos comercializadores tienen que cambiar, y ganar en agilidad, como lo requiere cualquier mercado. Resulta inviable que empresas mayoristas sean únicas suministradoras, por lo que es necesario abrirse a las iniciativas de producción local de materiales de la construcción, tal cual ya ocurre en la agricultura. Esa  una posibilidad de flexibilizar la gestión empresarial, acercando la industria a las tiendas y por su puesto al también consumidor.