En busca del patrimonio perdido

Vieja construcción ariguanabenseVieja construcción ariguanabense El San Antonio de los Baños que quisiéramos tener, el de los recuerdos de unos, añoranzas de muchos y sueños de casi todos, ¿es posible? ¿Se puede hacer algo para devolver a la vida antiguas construcciones que el tiempo y la desidia han convertido en ruinas?

Pudiéramos hablar de dialéctica, de asuntos neurálgicos que han requerido mayor atención en determinado período en detrimento de otros. Profundizaríamos en falta de visión para dar mantenimiento a monumentos constructivos que nunca debieron perderse.

Nombraríamos responsables, retomaríamos el insoslayable tema de la falta de escrúpulos, tanto de quienes desatienden sus funciones, como de quienes esperan sentados porque alguien logre, casi milagrosamente, poner fin al deterioro del patrimonio edificado.

La propiedad social, esa de la que nadie es dueño absoluto, es la misma que nos obliga a todos a razonar por el compromiso individual ante cada hecho humano, que perjudica parques, instituciones como cines, bibliotecas, museos, tiendas, bodegas, restaurantes, entre otros.

Invertir dinero para restaurar es sumamente costoso, pero necesario. Hay que priorizar urgencias para administrar los recursos inteligentemente. Pero también hay que cultivar las buenas costumbres. La educación necesita amor, argumentos, hasta ejemplos, pero igual exige cumplir leyes y sancionar a los que pretenden burlar el respeto de la mayoría.

La indisciplina o los indisciplinados se forman y tienen mil razones que les hacen creerse convencidos de que pueden deshacer a su antojo, porque nada los afectará moral o monetariamente.

Ahora que la administración del gobierno ariguanabense se propone una estrategia de restauración del patrimonio edificado, habrá que establecer simultáneamente una política para considerar, a quien  no cuiden celosamente la propiedad social, como delincuente, y juzgarlo debidamente.

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