La Revolución: Heredera de las tradiciones históricas del pueblo cubano

La última etapa del proceso revolucionario cubano comenzó el 26 de julio de 1953, con el asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo y continuó con la prisión fecunda, el exilio preparatorio, el desembarco del yate Granma, con 82 expedicionarios, y el inicio de la lucha guerrillera en las montañas y la insurrección en el llano. Siempre al frente de los aguerridos combatientes a su líder histórico el compañero Fidel.
La Revolución Cubana luego de múltiples vicisitudes, reveses temporales y de una ofensiva final indetenible demostró fehacientemente la viabilidad real del proyecto histórico concebido y llevado a la práctica por el Comandante en Jefe.

La estrategia y táctica, los métodos de lucha y el programa enarbolado en “La Historia Me Absolverá”, donde se expuso el Programa del Moncada, fueron coronados por el éxito. La capacidad de la dirección político-militar de la insurrección popular y cívica de unir a todas las fuerzas posibles en el enfrentamiento contra la dictadura batistiana y de conducir con acierto al Ejército Rebelde y el pueblo en las complejidades del combate demostró la factibilidad del proceso revolucionario.

La realidad que representó el Primero de Enero de 1959 rompió todo un esquema teórico anterior en el panorama económico y político cubano y latinoamericano. No fue una quimera llevar adelante una lucha armada, política y popular victoriosa en contra de la oligarquía gobernante y su ejército profesional apoyado por un vecino tan poderoso como los Estados Unidos de América.  Cuba fue un ejemplo vital de su factibilidad y de la destrucción del mito del fatalismo geográfico.

Heredera de las mejores tradiciones históricas de la nación cubana, en especial, del pensamiento martiano como síntesis suprema de las ideas libertarias, de justicia social de los siglos 19 y 20, la Revolución Cubana emergió triunfante sin derivarse de una confrontación militar de carácter internacional, no contó con el apoyo material de fuerzas externas, aunque recibió en el fragor de la batalla guerrillera y clandestina, las simpatías y solidaridad de gran parte del mundo.

La victoria final  fue consecuencia de una guerra llevada a cabo en su territorio donde la derrota armada y política, moral también, del aparato represivo de dominación fue el factor determinante. La victoria revolucionaria cubana demostró que sin lo nacional específico ninguna revolución puede ser creación heroica, ni puede separarse de la mejor historia de su pueblo sin peligro de frustración.

Durante más de 50 años el pueblo cubano ha mantenido inteligencia y la habilidad de la dirección revolucionaria, además de la justeza de la lucha de este país por su independencia, soberanía y autodeterminación, principios a los que no renunciaremos de jamás, pues son el resultado de más de siglo y medio de lucha heroica e innumerables sacrificios.