El valor colectivo de las cifras
De esta forma se enmarca el límite superior hasta el que se puede incidir en consumos en cualquier proceso productivo de bienes o servicios. La inobservancia de estas cifras, ponen en riesgo las utilidades planificadas.
Estos planes son, además, la base para las contrataciones con clientes y proveedores, lo cual puede influir y determinar en el éxito o no de lo previsto por la entidad para una etapa.
El presupuesto de gasto refleja las necesidades de cada centro para ejecutar su plan –dígase pago a los trabajadores, consumo energético, agua, papel, reparación y mantenimiento de equipos, compra de materias primas y materiales esenciales– y una vez delimitado, no podrá alterarse porque funciona como un reloj.
San Antonio de los Baños posee entidades, cuyo quehacer tiene un peso significativo en el aporte económico local. Ejemplo de ello es la Empresa de Acopio y Beneficio del Tabaco Lázaro Peña, que en el presente año ha tomado en cuenta a sus once Unidades Básicas de Producción Cooperativas, para que haya equilibrio en sus capacidades y resultados, con lo que se asegura mayor eficiencia.
Para nadie es secreto que la discusión con todo el colectivo laboral, para que cada cual exponga ideas y dudas, enriquece el valor del presupuesto, lo hace realizable. Igualmente es decisivo que los directivos no se queden con las cifras positivas o negativas del cumplimiento de los gastos sin exhibirlas.
Ellas representan el verdadero funcionamiento de una entidad y ocultarlas a la masa laboral es irrespeto a la capacidad de profesionales, técnicos y obreros, que diariamente sienten el peso de una gestión que es de todos.
No basta exponer un plan a comienzos de año y dar a conocer sus resultados al cierre del semestre o al finalizar los 365 días, debe ser de estricto rigor que en cada área de trabajo se domine públicamente y de forma diaria. Solo así habrá tiempo para razonar por dónde se escapan inútilmente los recursos y qué hacer para detenerlos. También podremos visualizar entre todos qué insumo alcanza, para cuidarlo y no derrocharlo.
El presupuesto permite mirar al interior de un sistema viviente para ajustar cualquier proceso débil y no permitir que otros avancen a ritmos acelerados, sin apoyar al que lo necesita. La competencia desleal puede ser un bumerán, pero dentro de la propia entidad es un absurdo, que encuentra su límite cuando no se cumplen las cifras y todos nos desfavorecemos.