Solo así entendemos que la educación esencial de nuestros infantes necesita del conocimiento más raigal en el amor y el cuidado por el mundo circundante. Desde que decidimos constituir una nueva familia, ya soñamos con un entorno determinado, el cual robustecemos con el transcurso de cada acción.
Únicamente nuestra actitud consciente, responsable y enérgica nos moviliza a intervenir en cada situación de la vida en sociedad, para que no se afecte negativamente ese micromundo que nos une y hace de cada cual un protagonista.
A las nuevas generaciones se les educa desde el hogar, primero, y luego a través de los medios masivos de comunicación, la escuela y el intercambio cotidiano con personas de criterios diversos. En nuestros hijos y nietos sembramos las más bellas esperanzas de mejorar el hábitat del planeta, de ahí lo vital de entusiasmarlos con ejemplos demostrativos para amar, cuidar y defender la naturaleza.
Rafael Rodríguez Ortiz es un hombre inmenso, al que todo niño ariguanabense debe conocer y apreciar por su obra diaria en el Bosque Martiano. Dos grandes maestros tienen los pequeños en esta villa para entender por qué las circunstancias y la naturaleza nos engendran y educan, casi imperceptiblemente, pero con mano bien dura.
Desde ese paraje singular no se evoca al Apóstol inerte, tampoco es el sitio propiciador de quienes contemplan el entorno con admiración o lástima. Este un lugar de obligada labor, de pensamiento vivo. No creo que haya mejor aula, taller o centro expositor.
Para los futuros realizadores de muchos proyectos actuales, tocar la tierra y los instrumentos que ayudan a preñarla de bienestar es comenzar a crear sensibilidades necesarias para la moral y la justicia. El bosque no se aisla, su trayecto, como el del respetable Felo o el del más universal de los cubanos, no puede encerrarse y se va a los círculos de interés, a los hogares, a las calles y al río entrañable.
Aun podemos hacer la obra más hermosa sin que nos cueste la vida, falta unir mejor a los seguidores de Martí y de Felo para detener a todos los que viven con el pensamiento vacío.

