Aún en el siglo XXI y en nuestro tránsito por la vida, el piropo no deja de sorprender y lo encontramos en situaciones de diferente naturaleza. Los piropos pueden llegar a ser ingeniosos, pícaros y originales, son un género literario popular, similar por su brevedad a los epigramas y los aforismos. Los hombres y mujeres, junto al desarrollo social, evolucionan y ganan protagonismo; se educan, conviven y se relacionan con mucha más fluidez que antes, por ello el piropo ha dejado de ser la única puerta por la que un hombre, en otra época, se dirigía a una desconocida.
Reflexionemos acerca de los sentimientos que pudiera provocar al utilizarlos; le propongo si decide practicar el piropo, hágalo pero que prevalezca por ser agradable; el mensaje en esencia tiene que tener una buena dosis de halago, de reafirmación de la estima que provocamos en el contrario.
Con más o menos intensidad y acierto, sigue presente en las calles, pero en menor grado que en generaciones anteriores y en mi opinión, no tiene porque suceder, el piropo visto como galanteo no es una ofensa solo se necesita ser muy cuidadoso al hacerse público para no ofender los sentimientos de la persona a la que lo dirigimos y por el contrario debe provocar placer.
Es un recurso valioso a la hora del cortejo y un arma de seducción, en estos casos, resalta los valores estéticos y contribuye a estimular la autoestima de la destinataria o destinatario, y permite ganar terreno en el camino de la preferencia, si por supuesto, resulta del agrado de quien lo recibe. Entonces precisemos: el piropo es elogio, confirmación, estímulo erótico y lleva una marcada intención parte de la elección de un sujeto y tiene un objetivo amoroso. El piropo de intercambio, es aceptado por ambos y suma en la comunicación inicial de una pareja.
Le invito a meditar, al decir un piropo recuerde este debe ser del agrado de la persona a quien va destinado y al hacerlo público ya obliga a compartir la experiencia, piense de algún modo nos permite valorar a los implicados por lo que es necesario no utilizar palabras malsonantes que lo convierten en un insulto, nadie tiene ese derecho mucho menos una desconocida en la calle, en ocasiones son muestras de violencia de género porque suelen ir dirigidos casi exclusivamente al aspecto físico, estético que de hecho resulta superficial.
Siempre ha habido un piropo, de seguro prevalecerá pero lo correcto es que cuidemos que en la práctica siempre sea recibido como un galanteo agradable que premie tanto al que lo recibe como al que lo practica ¿Qué cree usted?

