Uno de los hechos más significativos que guarda nuestra historia es la Huelga del 9 de abril de 1958. El Ejército Rebelde, jugó un papel fundamental con su avance hacia las ciudades, convocando al pueblo a las calles en contra de la tiranía de Batista. Ese día se realizaron asaltos a las emisoras nacionales y la transmisión por sus canales del llamamiento a la huelga general revolucionaria, el asalto a la armería de La Habana Vieja, la voladura de registros de electricidad, los paros y sabotajes en varias terminales del transporte, la quema de gasolineras y de vehículos, la interrupción del tránsito de entrada y salida de la capital, los sabotajes, acciones y paros en Guanabacoa, el Cotorro, Madruga, el asalto a la emisora de Matanzas dirigido por Enrique Hart, el descarrilamiento de trenes en Jovellanos, el ataque al cuartel de Quemado de Güines y la interrupción de la Carretera Central en Manacas.
La huelga abarcó además las acciones del Condado en Santa Clara, la paralización y el dominio absoluto de Sagua la Grande y el asalto y sabotaje a la planta eléctrica de Vicente en Ciego de Ávila.
También se realizaron acciones diversas en Camagüey, y la paralización casi completa de Oriente por la acción combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad, incluido el ataque al Cuartel de Boniato por las milicias de Santiago de Cuba dirigidas por René Ramos Latour, "Daniel", sustituto de Frank en la Jefatura Nacional de Acción en la Sierra Maestra durante el último combate del Movimiento, que después cayó heroicamente contra la ofensiva de la tiranía.
La conmoción producida en todo el país por los hechos del 9 de abril se intensificó por la brutal represión desatada por el régimen, que dejó el saldo doloroso de más de un centenar de combatientes caídos, entre ellos Marcelo Salado, dirigente de acción en la capital en esos momentos, y uno de los más valiosos y prometedores cuadros del Movimiento 26 de Julio.
A pesar de su magnitud, aquella respuesta del 9 de abril no tuvo aún suficiente alcance y sincronización como para desencadenar la huelga general revolucionaria y provocar el colapso final de la tiranía. La frustración de aquel objetivo situó al movimiento revolucionario en uno de sus momentos más difíciles.
De acuerdo con un testimonio publicado por el comandante Faustino Pérez, el revés sufrido se debió a la conjugación de diversos factores: la no ejecución de acciones previas cuyo fin fuera el paro; la no revelación de la fecha a los cuadros encargados de garantizarlo para que la convocatoria llegara con tiempo a todos los sectores y así evitar que el régimen adoptara medidas dirigidas a frustrarlo; la escasa intensidad del sabotaje eléctrico y de las plantas de radio, hecho que impidió la supresión total de ambos servicios, y la actitud un poco cerrada que se mantuvo frente a la posibilidad de coordinación o colaboración por parte de otros factores.
Las causas del fracaso fueron analizadas en Altos de Mompié, en la Sierra Maestra, el 3 de mayo, en reunión donde la Dirección Nacional del MR-26-7 adoptó importantes acuerdos que garantizaron el acertado rumbo de la lucha. Aquellos hechos, según Fidel, “no sólo constituyeron un ejemplo extraordinario de heroísmo, constituyeron también un ejemplo de cómo un pueblo revolucionario es capaz de recuperarse de cualquier revés”.

