Congreso de los nuevos tiempos

  Congreso CTCCongreso CTC Veinte congresos está a punto de completar la CTC, organización muy enraizada en las conquistas de la clase obrera cubana.

Mencionaríamos algunos nombres insignes de las luchas por hacer valer sus derechos y, entre ellos, San Antonio de los Baños estaría representado por hijos inolvidables, cuyo valor y dignidad los puso de cara a la muerte.

Hoy el país advierte cambios radicales en su economía para que el socialismo se fortalezca y la equidad encuentre nuevos caminos en su desarrollo.

El proceso asambleario desde cada entidad y hasta la Conferencia Municipal enfatizó en la unidad como insuperable forma de robustecer a la Central de Trabajadores de Cuba en un momento en que cientos de personas quedaron disponibles, acorde a las necesidades del actual reordenamiento económico.

Pero también es la hora en que miles se han acogido a las actividades autorizadas para el cuentapropismo y, aunque no todo es positivo, ya la sociedad amplió los colores de su arcoíris mediante disímiles iniciativas particulares, que desplazan el protagonismo estatal en servicios imprescindibles e insolubles para la macroeconomía.

Las gratuidades, la batalla contra ilegalidad y delito, la capacitación de los cuadros sindicales para entender cada transformación y estar al lado de la masa obrera en la comprensión y puesta en práctica de lo legislado, fueron temas neurálgicos que subieron de tono los debates en el Ariguanabo.

No menos polémico fue el análisis de cómo estimular al proletariado, que sigue, disciplinado y laborioso, custodiando los bienes del Estado para la construcción cotidiana de la sociedad de todos. El papel de vanguardia de la clase obrera no puede echarse por tierra. Más bien, se trata de engrasar mecanismos para que jubilados entusiastas y expertos, trabajadores estatales y por cuenta propia se reafirmen como pueblo mismo.

Somos hijos de nuevos tiempos. Tenemos el deber de ayudar a crecer con inteligencia y esfuerzo este mundo de hoy, hermano del que forjaron nuestros padres y abuelos, como garantía de próximos congresos del proletariado cubano, amparados en la dignidad plena del hombre.

 


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