El Bloqueo debe terminar de inmediato

Incesantemente se alzan miles de voces alrededor del mundo en rechazo al bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos impone a Cuba. Existe desde los primeros meses del triunfo revolucionario, cuando nos cortaron la cuota preferencial azucarera, suspendieron las exportaciones de bienes de consumo y crearon todo un aparato de vigilancia sobre nuestras operaciones financieras.

Muchas de estas medidas se vieron frustradas con la entrada de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica, integrado por los entonces países socialistas de Europa. Luego de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética el Imperio se hizo ilusiones, apostó a que dejaríamos a un lado nuestro sistema de justicia social, golpeado por la crisis que trajo consigo el Período Especial.

 

Para recoger la fruta madura articularon la Ley Torricelli en 1992, entre otras medidas, prohibían a barcos de terceros países, que atracaran en puertos cubanos, entrar en puertos norteamericanos hasta tres meses después de partir de la Mayor de las Antillas, pero como si eso fuera poco promulgaron la Ley Helms Burton, seguida de una serie de medidas de cada una de las administraciones de turno. La respuesta del mundo, cada año, ratifica la condena al bloqueo en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

No nos dejemos engañar, el bloqueo está ahí. Cuba no puede comprar muchos insumos que necesita para su desarrollo económico, social y científico en el mercado norteamericano a sólo 90 millas por lo que la transportación sería muy barata, tenemos que salir a buscar esos recursos dinero en mano a miles de  kilómetros y a la vez no podemos vender nuestras producciones, de alta demanda en el mercado norteamericano como ron, café y tabaco.

Un ejemplo claro de lo que el bloqueo nos afecta se palpa en un Centro Científico de Bejucal donde esta política del país norteño dificulta sus investigaciones en el área de la biotecnología para la salud humana, al negar la compra en dicha nación de materiales para experimentos, destinados a la fabricación de fármacos.

La administración Obama ha hecho muy poco para flexibilizar el bloqueo, ha adoptado algunas medidas, como el otorgamiento de licencias para los viajes a los cubanos -americanos y otras que muy bien se asemejan a las aspiraciones del carril 2 de la
Ley Torricelli, pues ha multado a empresas en terceros países por comerciar con el verde caimán antillano.

El Bloqueo no es historia, es una realidad tangible y Cuba no descansará hasta su completa eliminación como elemento imprescindible para mejorar las relaciones con los Estados Unidos, cuyo andamiaje imperial siempre ha codiciado la Isla desde  los años de la doctrina Monroe y la teoría de la Fruta Madura. Los cubanos no cederemos en nuestro empeño de mantener a toda costa nuestra independencia y nuestra soberanía, tal y como se viene haciendo mediante la actualización de nuestro modelo económico y social.