La solidaridad, principal arma contra la indolencia

Una amiga se queja de las manifestaciones de indolencia de su hijo adolescente, quien se niega a asumir determinadas responsabilidades relacionadas con la cooperación en la casa.

Al indagar sobre este tema muchos especialistas califican la indolencia como un anti valor que por un lado significa flojera, pereza o haraganería, y por el otro, indica insensibilidad y el no conmoverse ante el dolor propio o de terceros. Desde un punto de vista psicológico, una persona indolente describe a quien no se afecta o conmueve ante el dolor. La indolencia social incluye ser indiferente ante el sufrimiento de una o más personas o de una comunidad. El indolente es una persona egoísta por naturaleza, generalmente inescrupulosa, superficial. No reacciona ante calamidades y tragedias, no piensa en sus semejantes y se concentra en sí misma. Este comportamiento le permite no sentir remordimientos, recatos ni consideraciones con otros.

Entre los indolentes pululan los fríos y calculadores y los indiferentes y apáticos. Los indolentes normalmente terminan solos y abandonados.

Se puede comenzar a dejar de ser indolente adhiriéndose a alguna causa común con miembros de su comunidad, participando en apoyo y respaldo en distintos eventos, siendo solidarios con las personas cercanas y con la comunidad en donde se viva. El conocer los problemas de otros, aportar soluciones o colaborar con ello, poco a poco, despertará el interés y en algún momento la indolencia dará paso a la sensibilidad y el entusiasmo.

El valor de la solidaridad se manifiesta en reconocer en el bien común, el sentido de una vida exitosa para todos. Desde el punto de vista psicológico  es una actitud y un comportamiento; una actitud porque nos inclina a responder favorablemente a las necesidades de nuestro grupo, de nuestro prójimo y una forma de conducta cuando se concretiza en acciones. Implica sentirse afectado por las necesidades de los otros como si fueran propias.

La solidaridad, como cualquier valor también tiene un componente afectivo, pues no es el cumplimiento forzado o frío del deber, sino el afán de ayudar y participar para alcanzar una meta. Tiene que ver mucho con el liderazgo y la inspiración; cuando alguien se convence y actúa, los demás lo siguen. Los planes de trabajo, aún en la familia requieren del liderazgo y el ejemplo de los padres.

Espero que estos consejos sirvan a la amiga que indagó preocupada por la conducta indolente de su hijo. Recuerde que es necesario trabajar para educar y educarnos en la virtud solidaria, distintiva de la comunidad humana, reconociendo que moralmente es necesario dar mayor peso a este comportamiento de apoyo a los demás, sin descuidar a nuestra propia persona.

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