La Noria de la Gastronomía Estatal
Hoy San Antonio de los Baños exhibe un número poco representativo de entidades dedicadas a ofrecer servicios de comidas, meriendas o bebidas. Y cuando se llega a ellas, la calidad de los productos no sorprende, porque nos acostumbramos a no esperar grandes ventajas de la gastronomía.
Aunque no todos tienen similares ofertas y algunos, como la pizzería de la Avenida 41, se esfuerzan por mejorar su imagen con trato rápido y amable, presencia atractiva del local y de sus trabajadores, elaboración aceptable de cada plato y precios asequibles para varios públicos, aún dista de ser lo que se necesita.
Este es quizás, el ejemplo más socorrido porque ha demostrado que la iniciativa del colectivo y la responsabilidad con el consumidor siempre pueden beneficiar la economía de la entidad, lo que redunda en aporte al desarrollo local, pero sobre todo, en confianza y respeto de la comunidad.
La gran disyuntiva actual es cómo sobrevivir la gastronomía estatal rodeada de cientos de negocios particulares, que en su mayoría son muy prósperos en variedad, calidad, higiene y rapidez en el servicio.
El reordenamiento económico en marcha ha flexibilizado las leyes tributarias y el trabajo por cuenta propia, el cual es protagonista de nuestras vidas y se aspira llegue a colmar el cincuenta por ciento de los ingresos nacionales.
Las exigencias para ambos estilos económicos son muy parecidas, si partimos de la idea de que el proveedor en lo fundamental es el mismo, es decir, el Estado cubano. Lo que denota la diferencia es el interés del propietario, que en el caso del cuentapropista está obligado a ser acróbata de una cuerda alta y que pende a favor de los más audaces.
Quien pierda el equilibrio se dará de narices con un piso muy duro, del cual no todos tienen capacidad para levantarse. No así para la gastronomía estatal, protegida por mecanismos que la mantienen en una noria, gira que gira en el mismo lugar.