El tema nos involucra a todos en mayor o menor medida e incluso en no pocas situaciones la reacción o concientización se produce cuando sufrimos una experiencia en la que a consecuencia de ello pusimos en riesgo nuestra vida e incluso en otras, la gravedad del hecho, no permite la vuelta atrás.
Si en un hogar los adultos fuman delante de los niños, adolescentes y jóvenes, si la ingestión de bebidas alcohólicas se hace un hecho cotidiano, si no se mantiene un régimen estable de alimentación y además se prefiere consumir alimentos de la venta callejera; estas conductas deterioran la salud y están muy lejos de la garantía para una vida sana.
La responsabilidad individual ante el tema de salud impone la educación desde edades tempranas de modelos de conducta acorde con la prolongación de la vida. Los facultativos en cualquiera de las ramas de la medicina basan el diagnóstico, los tratamientos y las recomendaciones acerca de la conducta a asumir a partir de lo más saludable pero mucho depende para el éxito de la actitud personal, la medicina no es magia.
La disciplina y seriedad nos induce a ser responsable, es entre otras razones, hacer de la alimentación un acto razonado, luchar contra el sedentarismo y la obesidad, no auto-medicarnos, disminuir el consumo de sal, dulces y bebidas endulzadas; también se impone como conducta ante la vida, el cuidado de la higiene personal y ambiental extendido incluso al centro de trabajo y estudio, a los centros recreativos u otros espacios de uso social, la correcta manipulación, elaboración y almacenamiento de los alimentos, la incorporación a nuestra dieta de vegetales y frutas guían de manera segura nuestros pasos.


