Exigir calidad en el servicio es hacer justicia

El servicio nunca será humillación, se impone hacerlo con profesionalidad y respeto. Partiendo de esa idea podemos entender que todos en algún momento prestamos servicios y, en otros, los recibimos.

La división social del trabajo no nos permite hacerlo todo y mucho menos hacerlo bien. Todos necesitamos de todos, aunque no queramos aceptarlo y pongamos reparo en lo que determinadas personas nos brindan con humildad o pretendamos, en ocasiones, imponer nuestra asistencia como la mejor, sin serlo.

Es de sabios aprender a discernir. Lo es conocer un poco de todo y todo de algo en específico. Pero también saber los límites para encontrar a quienes merecen nuestro elogio, por el auxilio que nos brindan en circunstancias, que nadie más tiene la capacidad suficiente para satisfacer.

Caminamos en busca de relojeros, zapateros, cerrajeros o de alguien que vuelva a hacer servible nuestra olla reina. En el Ariguanabo existen esos servicios y personas que los garantizan con calidad.

Soy testigo de lo que digo y también beneficiaria. Les recomiendo a Elio Jesús Rodríguez Álvarez en el taller de equipos electrodomésticos de la Calle Ancha. Es un ejemplo al azar de lo que resulta cotidiano y, en medio de tantas dificultades, no siempre llegamos a destacar.

Las penurias de la vida se hacen mayores sin la cortesía, la sonrisa agradable, el saludo, las explicaciones necesarias a las preguntas de quienes no entienden determinadas problemáticas.

No exigir civilizadamente lo que nos corresponde, puede llevar a muchos a creer que no necesitamos bienes materiales o, en este caso, un servicio. La calidad de cualquiera de ellos se pierde entre justificaciones y pretextos.

Un servicio o un bien material requieren un procedimiento estricto para ser completado. De incumplirse alguno de sus pasos, lo que nos llega no colma nuestras expectativas. Y no es que seamos demasiado rigurosos, sino que prestaciones incompletas, nos dejan a medias.

Exigir lo que nos toca como servicio es lo justo. Valorarlo razonablemente también lo es, tanto como debe serlo agradecer su eficiencia.


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