Con la vista en el horizonte

Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran, se reconocen y se abrazan: ese lugar es mañana, expresó el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su ejemplar “El libro de los abrazos”. Si hablamos de formación de valores, el pensamiento cobra relevancia, porque es la enseñanza que brindemos hoy y la que se va acumulando del ayer, la que podrá entregar al ser humano alguna garantía para el futuro.

 De ahí, que en mi opinión, la formación de los valores individuales debe iniciar desde la cuna, y más tarde, en la niñez, abrazar los buenos modales, las normas de convivencia social y las reglas de cortesía que seguiremos cultivando en el tránsito por la vida.

Los infantes son como esponjas que todo lo absorben: lo bueno y también lo malo, por ello es difícil asegurar que los buenos comportamientos que se inculcan a partir de los modelos sociales de padres y amigos cercanos se mantendrán en su personalidad. Al salir de casa, llegan a la escuela, conviven con otros compañeros, visualizan el actuar de quienes los rodean en el transporte público, en el cine o el parque… y desafortunadamente, todos no recibimos la misma educación.

Hoy la sociedad cubana experimenta una crisis de valores de manera general, el fenómeno no es exclusivo de jóvenes o adultos.

La indisciplina y el irrespeto ganan adeptos que quizás, alguna vez, fueron reprendidos ante lo mal hecho, pero hoy se pasean frente a la indolencia de quienes hacen caso omiso a sus comportamientos.

Señalar con el dedo duele. Más, para el que siempre fue educado, correcto, amable y debe corregir acciones negligentes que atentan contra su bienestar o el del entorno.

Entonces, cada cual haga la parte que le corresponde y reflexione sobre la importancia de prevenir conductas ajenas a los principios de nuestra Revolución. Con la vista en el horizonte, por muy lejano que parezca, es preciso formar a las nuevas generaciones desde el seno familiar.

Los valores también tienen su momento histórico…no son los mismos los de hoy que los del siglo XIX o del XX, pero el respeto al derecho ajeno, el buen trato y la honestidad no mueren aunque pasen los años.