Dar todo lo bueno que podamos

Abuelos y nietaHay que darles todo el amor que se les pueda dar y compartir con ellos todo lo que sea posible La atención al adulto mayor cobra fuerza en nuestro país, respetar a esas personas de cuyos cabellos blancos y rostro fruncido, emanan experiencia, madurez y vida, es asunto de todos.

Pienso que el respeto, la compresión y comunicación hacia ellos, forman parte de la educación formal y nos dice a grandes rasgos, cómo somos y seremos también.

 

La vida nos pone a prueba y en ella salen a relucir los grandes sentimientos; los abuelos, como los árboles, son símbolo de vida, sabiduría y es bueno escuchar sus consejos, conocer sus vivencias y venerar sus opiniones.

Hace varios días-el 14 de julio-mi abuelo cumplió 104 años. Sentí gran emoción al percibir su alegría y preguntar como un niño de 4 años ¿Me van a tirar fotos? ¿Cuántos cakes trajeron? Lo vi como un niño: sonriente, feliz, rodeado de sus hijos, nietos y biznietos.

Hay que darles todo el amor que se les pueda dar y compartir con ellos todo lo que sea posible. La vorágine del trabajo, la lejanía de la casa donde nos criamos, el tiempo que corre y no nos deja alcanzarlo, son circunstancias que muchas veces atentan contra nosotros y se convierten en pretextos para- a veces- convertirnos en personas necias, pero la reflexión nos llama a capítulo y la actitud debe ser la mejor. Alcanzar ese tiempo que se nos va, planificar un encuentro, salir con ellos o acompañarlos a algún lugar, cuidarlos, protegerlos, que no sientan solos.

De la misma manera que nos gusta que nos atiendan y nos traten, debemos ser con ellos, preocuparnos por su salud, ser educados, velar por su alimentación y apariencia, son aspectos primordiales que nos corresponde aplicar en el hogar.

Proporcionarles espacio se hace sano y conveniente, para que no se sientan fuera de lugar; los buenos días, un beso en la mejilla y hasta una caricia que corra por su piel curtida por los años, sufrimientos y preocupaciones, se hacen necesarios para ellos.

De mis cuatro abuelos, solo me queda éste de 104, tan simpático y desmemoriado que dice tener 114; tal vez sus hijos, nietos o biznietos, no lleguemos a esa edad, pero sí llegamos a su corazón, como seguramente muchos lo hacen también.

Nuestro país, ejemplo para muchas naciones, tiene la grandeza de instruir y educar a su pueblo, sobre la base del respeto al adulto mayor. Es inconcebible, que haya personas que maltratan a sus abuelos con miradas, palabras fuertes y gestos groseros, ese estilo no forma parte de nuestro sistema, por tanto el derecho a que se les respete, debe prevalecer siempre.