El magisterio es una de las labores más nobles que existe, de él se desprende el amor para cada persona que necesita aprender.
La tarea de enseñar no es cosa fácil y requiere de preparación, interés, investigación y hasta lágrimas.
Recuerdo hace más de 10 años que escuché a una vecina decir: “me gusta impartir clases en primer grado, me emociona y hasta lloro cuando los pequeños de ese nivel terminan el período escribiendo y leyendo sus nombres”. Es cierto, yo lo viví.
Respeto infinitamente a todo educador desde el círculo infantil hasta los que nos enseñan en nuestro propio trabajo.
Caminar tomado de la mano por alguien que nos educa es maravilloso, tanto que cuando crecemos sentimos agradecimiento hacia a esa persona que nos enseñó y con orgullo decimos: “lo que sé, es gracias a ella o a él”.
Este 5 de octubre, Día Mundial del Docente, es la jornada para honrar a todo profesional de la educación, quienes entre materiales de estudio, medios de enseñanza y laboratorios nos enseñan Matemática, Historia, Educación Cívica y con su ejemplo personal adquirimos buenos modales.
Nuestro país tiene sobradas razones y se levanta ante el mundo, mostrando a jóvenes y niños que llevan en sus espaldas la mochila cargadas de números, letras y canciones, pero seguros de la misión que tienen por delante junto a sus maestros.
Este mundo lleno de desafíos: crisis económica, guerras, impone a los docentes una mirada más aguda ante los educandos, para que comprendan por qué un mundo mejor es posible.
Cuba traza estrategias orientadas a perfeccionar el sistema educativo, para crezcan hombres y mujeres justos, capaces de enfrentar la injusticia, de defender sus derechos y su Patria.