Desde edades tempranas, los niños y niñas en Cuba, de manera sentida proclaman: “Seremos como el Che”; se debe pues a que la figura de Ernesto Guevara de la Serna trasciende por ser el modelo de hombre que necesitamos formar.
El conocimiento de la vida y la trascendencia humana del legendario argentino devenido un paradigma internacional, por la entrega en el batallar a favor de la causa de los desposeídos de la tierra, engrandecen la talla y la dimensión histórica y ontológica del héroe.
La juventud cubana reconoce en Ernesto Guevara el espíritu latinoamericano, encarna la fuerza redentora de estos pueblos decididos a alcanzar la libertad, este hombre público en sus múltiples facetas revela al hombre pleno.
Nuestro Guerrillero Heroico lo sentimos entre nosotros vívido, imitable, humano porque en el Che está la agudeza del insaciable lector, el crítico escritor, el guerrillero osado en la Sierra cubana o en la selva en Bolivia, en su breve pero intensa labor diplomática aferrado a promover el futuro de la Humanidad y el derecho de los pueblos a ser libres, el pensador lúcido, el infatigable intelectual y el autor de tiernas y amorosas cartas para la esposa e hijos así como el leal amigo y revolucionario.
La figura del Che se agiganta; cada vez se revela más legítimo el revolucionario en pensamiento y acción, se actualiza el ejemplo por la vigencia de su ideario, su visionario y acendrado antimperialismo en estos tiempos en que Estados Unidos continúa en el empeño de imponer su política unipolar y globalizada.