El alcoholismo,un hábito que debemos combatirMe cuenta una vecina los padecimientos y sufrimientos que a diario le producen situaciones en la convivencia con uno de sus hijos, quien ingiere a diario bebidas alcohólicas y según refiere ella se da unos traguitos pero se le suben a la cabeza.
Lo primer que le señalo a mi interlocutora es que el muchacho sufre una enfermedad, o sea tiene una adicción al alcohol. Es muy duro decirlo, pero ella como madre y la familia en general deben ser los primeros en reconocer que es alcohólico; y desde ese punto valorar todas los formas o medios posibles para ayudarlo, ya que el afectado por sí solo no va llegar a esa conclusión.
El muchacho cuando bebe tiene pérdida del control emocional, de control sobre las predilecciones y deja de tener vida propia.
En este análisis debemos tener en cuenta que el consumo de drogas y sus consecuencias resulta responsable del 12,4% del total de fallecimientos mundiales y del 8,9% del total de años de vida productiva perdidos por discapacidades físicas y mentales.
Cerca de 2,5 millones de personas mueren cada año por abusar del alcohol, una práctica que se ha convertido en el tercer factor de riesgo de enfermedad en el mundo, el segundo en Europa y el primero en el Pacífico.
Existen drogas blandas y duras; estimulantes: café, tabaco, té, anfetaminas y cocaína y las sedantes: alcohol, morfina, heroína y algunos de los llamados somníferos. La lista define también las naturales o sintéticas, médicas y no médicas, legales e ilegales…
A las situaciones de dependencia de estas sustancias químicas se le atribuyen varias causas como las socioculturales, a partir de influencia de las modas y costumbres dentro de grupos sociales que presionan al sujeto; psicológicas, según el criterio de encontrar un potencial y esquivo nirvana, las psicopatológica, presentes en individuos con enfermedades psiquiátricas, y finalmente la dependencia fisiopatológica, aquella que introduce el tóxico en el metabolismo y luego la persona sin ese compuesto no puede vivir.
Está claro que las adicciones poseen síntomas típicos como la pérdida de control, daño o deterioro progresivo de la calidad de vida, negación o autoengaño para apreciar la relación entre la conducta adictiva y el deterioro personal. Y de remolque son los daños personales hacia los seres queridos más inmediatos como mis vecinos que tienen a un joven que sufre de alcoholismo bajo su mismo techo.
Por último le recomendé a mi vecina la lectura de un libro del eminente psiquiatra cubano, Dr. Ricardo Ángel González Menéndez, quien en el texto Misión: rescate de adictos, publicado por la Casa Editora Abril, ilustra el cuadro resultante de las adicciones de un modo claro y preciso cuando al referirse al enfermo plantea: “muchas puertas se cierran, infinidad de amistades valiosas se alejan, la persona amada se desilusiona, los hijos pequeños se aterrorizan y si son mayores se llenan de resentimiento y dolor, los padres sufren hasta el grado de reducir su esperanza de vida, los jefes se cansan, el nivel y la calidad del trabajo se degradan, la economía personal y familiar se dañan hasta niveles impensables, se pierde el empleo y en los casos más avanzados se llegará a la afectación total de la imagen pública y al vagabundeo y más adelante el especialista añade, la enfermedad y la muerte tienen para el toxicómano menos importancia que el sufrimiento.
Terminé aconsejando a mi vecina para que solicite ayuda en consultas especializadas en todos los municipios del país donde reciben tratamiento y se rehabilitan muchas personas, le orienté dirigirse al Centro Comunitario de Salud Mental o la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia. Allí encontrará una mano amiga y el asesoramiento de un especialista para enfrentar el problema de la adicción de su hijo. Y mi consejo a los padres con hijos que les gusta el alcohol es que: mejor es no empezar.