Hace poco mientras conversaba con unos amigos, uno de ellos se quejaba de las dificultades atravesadas en la realización de varios trámites de índole personal que había tenido que realizar. En su queja señalaba que la mayor parte de las deficiencias eran de índole subjetiva.
En el relato señaló que en muchas ocasiones al llegar a una oficina pasadas las ocho de la mañana, no había llegado el funcionario que debía atenderle, o llegaba tarde sin ofrecer una explicación a quienes aguardaban en el recinto. También sufrió el hecho de que se le citara para concluir la gestión y la persona que debía atenderlo o firmar un documento no estaba.
Lo triste de esta historia es que no se trata de un caso aislado y como este se producen con mucha frecuencia en lugares de producción y servicios y tienen como resultado considerables pérdidas económicas al país, como los centros productivos y en los servicios, pues estas deficiencias causan molestia e irritación a quienes allí acuden.
Debemos considerar también que detrás de trabajadores indisciplinados hay deficiencias en el equipo de dirección de una entidad. En medio de los debates del documento base al XX congreso de la Central de Trabajadores de Cuba es preciso impulsar hoy la disciplina laboral, la organización del trabajo y la adecuada atención a los recursos laborales, asociados al incremento de la calidad de los servicios que se prestan, la productividad y la eficiencia y por tanto, al ingreso de los trabajadores.
La respuesta de los trabajadores de cada sector debe estar centrada en obtener una mayor disciplina, la mejor organización del trabajo, el óptimo aprovechamiento de la jornada laboral, la elevación de la eficiencia y el ahorro, el incremento de la productividad, un mayor control y una lucha inquebrantable contra el delito, la corrupción y las ilegalidades. Solo así podremos consolidar el proyecto económico y social de justicia y equidad al cual aspiramos.

