La honestidad es otro de los valores que cada persona debe llevar consigo, esta cualidad hace referencia a las personas decentes, decorosas, recatadas, razonables, justas.
Actuar de forma honesta requiere ser sincero, de ir y venir de la mano de la verdad, la persona no debe en este caso actuar de acuerdo a sus propios intereses. La persona honesta se respeta a sí misma y al resto de las demás.
La honestidad debe estar en la amistad, en el seno de la familia, en la relación amorosa y de igual manera en cualquier tipo de relación social, ella nos aporta cariño, confianza, amor y sinceridad absoluta.
Podemos ejercer acciones como ser fieles a las promesas y compromisos por pequeños que puedan parecer, llevar con claridad el manejo que hacemos del dinero, sin buscar quedarnos con una parte alterando las cuentas, inventando gastos o argumentando extravíos, alejarnos de la pereza y cumplir con los deberes, así no tendremos necesidad de dar pretextos o mentir para encubrir la falta de responsabilidad.
Debemos hablar con la verdad, sin inventar ni exagerar cosas sobre nosotros o los demás. Es importante y hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria.
Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos que están en contacto con la persona honesta.

