La vida de los seres humanos debe transcurrir en conformidad, esto no es una idea abstracta, se logra en la relación armónica tanto en el seno familiar, laboral o estudiantil a través del respeto a las normas de convivencia y a la puesta en práctica de los valores. Ser honestos tanto en la vida personal como pública es determinante, en primera instancia con nosotros mismos y en su proyección con el resto de los individuos que dan matiz a nuestra vida en la comunidad.
Si abogamos en el seno familiar porque el resto de los miembros siempre actúe con la verdad, sin tapujos, con sinceridad en sus planteamientos tenemos que ser ejemplo y actuar con transparencia. Esgrimir la verdad en el intercambio de nuestros puntos de vistas ratifica la honestidad como un valor esencial inherente a los principios de justicia y lealtad en la convivencia.
La honestidad es el valor de decir la verdad, ser decente, ser razonable, justo y honrado. Desde el punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo a como se piensa y se siente. Significa desterrar de nuestras vidas la mentira o el engaño y por ende, la falsa moral.
La honestidad fortalece al género humano a lo largo de su desarrollo, en su calidad humana y en su relación con otros hombres, y lo bendice pues poseer este valor hace al hombre un ser ejemplar entre otros seres. No podemos dejar de pensar que tiene mucho que ver con la pertenencia del hombre o la mujer a un entorno familiar o social y se vincula al respeto, la tolerancia, el esfuerzo, la responsabilidad, la solidaridad y la dignidad.
Desde edades tempranas en la formación de las nuevas generaciones exigimos que sean honestos, para ello debemos estar alertas y atentos a los pronunciamientos, actitudes y modo de actuar de nuestros niños y jóvenes en el centro estudiantil y laboral con sus compañeros, ante el claustro de profesores y el resto de los ciudadanos.
La persona honesta, por sí misma, es garantía de fidelidad, discreción, trabajo profesional y seguridad en el uso y manejo de los bienes materiales. Por el comportamiento serio, correcto, justo, desinteresado y con espíritu de servicio que adquirimos mediante la honestidad, esta se convierte en uno de los valores más importantes para el perfeccionamiento de nuestra personalidad. Cuando se está entre personas honestas cualquier proyecto humano se puede realizar, y la confianza colectiva se transforma en una fuerza de gran valor. Ser honesto exige coraje para decir siempre la verdad y obrar en forma recta y clara.
Estimular este proceder necesita como premisa la convicción de ser responsable en todo momento de nuestros actos. Si somos deshonestos, las puertas de la vida se nos cierran, a consecuencia de la pérdida de confianza hacia nosotros.

