Entre los grandes retos y estrategias que se traza la máxima dirección del país se encuentra la lucha contra las indisciplinas sociales, y para ello es preciso transformar desde ya todo lo que atenta contra la estética y el buen gusto.
La vigilancia en cada barrio se hace necesaria, velar por los recursos, instituciones, locales, calles aceras, además de respetar el silencio y la tranquilidad dentro y fuera de cada hogar.
Muchos son los vértices que conforman el hexaedro de las indisciplinas sociales, dígase, microvertederos, higiene comunal, maltrato a la propiedad social, música alta, “palabras fuertes”, escándalo público y otras.
Hay que enfrentarlos desde cada lugar que nos encontremos y no temer a quedar mal, pues tenemos derecho a defender todo lo nuestro, lo que con esfuerzo y entrega hemos conquistado. Si no somos capaces de cuidar y respetar ¿Qué tendremos entonces? Si nos acostumbramos a “no meternos en lo que no nos importa”, entonces ¿qué reclamamos?, mucho de lo hoy no tenemos se debe precisamente a esto: a no llamar la atención ante la indisciplina cometida o molestarnos si somos los infractores.
Se impone trabajar sin tregua, nuestro país tiene la capacidad de movilizar a todas las fuerzas en una misma dirección y hacia ella hay que marchar.

