Día de la Ciencia cubana

Quizás ninguno de los presentes el 15 de enero de 1960 en el paraninfo de la antigua Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana imaginó que aquel día marcaría para siempre a la Ciencia en Cuba.

El geógrafo y espeleólogo, doctor Antonio Núñez Jiménez, invitó a nuestro comandante en jefe a este centro, hoy Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos Juan Finlay, para que les explicara a los académicos, familiares y otros intelectuales que celebraban el vigésimo aniversario de la Sociedad de Espeleología de Cuba, las valiosas ideas que había fraguado desde la Sierra Maestra la joven dirección revolucionaria sobre la sociedad y el pensamiento.

Ese día le entregaron a Fidel el diploma que lo acreditaba como miembro de honor de la Sociedad de Espeleología. Con modestia el Comandante explicó que no creía tener méritos para integrarla, pero… ¿quién mejor que él, que ha hecho realidad  lo que por aquel entonces era una utopía?

 

Fidel expresó: El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que estamos sembrando: oportunidades a la inteligencia.

Hoy la importancia  de este discurso se hace palpable en los avances científicos y técnicos, en la municipalización de la Universidad, en el bajo índice de mortalidad infantil, en la obtención de vacunas contra enfermedades que afectan la salud del ser humano y en el mejoramiento de las especies de plantas para aumentar los rendimientos productivos.

Ese mañana lo hicieron realidad hombres y mujeres de la talla de los doctores Antonio Núñez Jiménez y Rosa Elena Simeón Negrín.  Pienso que continuar la obra creadora es el homenaje a quien diera luz al Día de la Ciencia.


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