La Historia de Cuba está llena de hechos que ratifican la intransigencia revolucionaria de los pobladores de esta Isla. Ese fue el caso de la protesta de Baragua el 15 de Marzo de 1878 cuando Antonio Maceo en nombre de los cubanos rechazó el Pacto del Sanjón, una paz sin Independencia. Igual sucedió luego del triunfo revolucionario de 1959 ante intentos injerencistas de parte del Imperialismo Norteamericano que controlaba bloques regionales como la Organización de los Estados Americanos. Así lo atestiguan documentos como la Primera y segunda Declaración de la Habana.
Hace pocos días nuestro país reiteró su disposición a mantener relaciones con la Unión Europea (UE) basada en su política de principios y que considerará la invitación formulada de manera respetuosa, constructiva y apegada a la soberanía e intereses nacionales.
Una declaración del vicecanciller Rogelio Sierra indicó que el Gobierno cubano fue informado oficialmente sobre la decisión del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea sobre Cuba.
En octubre de 2008, la UE y La Habana acordaron reiniciar el diálogo político y la cooperación sobre bases recíprocas, con carácter incondicional y no discriminatorio, con pleno respeto a la igualdad soberana de los Estados, al marco jurídico y al ordenamiento institucional de las partes, y en total apego al principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
Recordemos que la política exterior de Cuba se adhiere a los principios básicos del Derecho Internacional: el respeto a la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los Estados; la autodeterminación de los pueblos; la igualdad de los Estados y los pueblos; el rechazo a la injerencia en los asuntos internos de otros Estados; el derecho a la cooperación internacional en beneficio e interés mutuo y equitativo; las relaciones pacíficas entre los Estados, y demás preceptos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Columnas vertebrales de la política exterior cubana son el internacionalismo, el antimperialismo, la solidaridad y la unidad entre los países del Tercer Mundo.
Cuba condena toda práctica hegemonista, injerencista y discriminatoria en las relaciones internacionales, así como la amenaza o el uso de la fuerza, la adopción de medidas coercitivas unilaterales, la agresión y cualquier forma de terrorismo, incluyendo el terrorismo de Estado. La constitución de la República de Cuba condena cualquier tipo de discriminación por razones de raza, credo u opinión.
Esos principios se mantienen invariables desde 1959, son fortaleza razón de ser de un proceso emprendido en favor de la equidad y la justicia social, que le ha merecido el respeto de las naciones de América y del mundo.