Disfrutar de la vida sin drogas

drogas Hay quienes piensan que la prevención del consumo de drogas nada tiene que ver con ellos; en mi opinión es un grave error, las drogas y sus consecuencias nos conciernen a todos. La vida sin drogas es la única opción para el pleno disfrute, pasarlo bien sin ellas nos permite relacionarnos mejor, obtener mejores resultados académicos o deportivos y una mejor integración en un grupo de amigos.

En el mundo las personas entre los 15 y los 64 años de edad refieren haber consumido drogas ilegales, de las cuales hasta un 15 por ciento son dependientes de estas sustancias, cifras que demuestran el incremento en su consumo y la urgencia de tomar conciencia ante el fenómeno.

 

Cuando hablamos de drogas no solo debemos preocuparnos en lo relacionado con sustancias como la cocaína o la heroína, sino también con el consumo indebido de aquellas que se encuentran bajo el halo de la legalidad y la permisividad, como el tabaco y el alcohol. El consumo de estas provoca desarraigo y son generadoras de violencia que frustran las relaciones interpersonales y la realización plena.  

La tolerancia excesiva y no condicionada al consumo irresponsable de alcohol en nuestra sociedad y su iniciación a edades cada vez más tempranas hace que subestimemos los efectos que puede tener, no solo sobre el bebedor sino también sobre sus familiares. En la labor preventiva tenemos que desarrollar acciones para alentar a los más jóvenes en el cuidado de su salud, desestimular la iniciación y disminuir la aceptación social que existe en torno a las drogas legales.

El tránsito de la niñez a la juventud se caracteriza por la necesidad de vivir nuevas experiencias y sensaciones fuertes. En estos años, el joven busca reafirmar su pertenencia a un grupo, trata de evadir problemas, lucha por diferenciarse de los adultos y se rebela ante la realidad familiar y social. No es casual entonces que muchas de las personas que hoy son adictas, tuvieran su primera experiencia de ese tipo durante su adolescencia de ahí que ratificamos la responsabilidad de la familia no se le puede dejar el problema a la escuela o la sociedad el actuar diario de los hijos tiene que ser controlado por los padres.

Estudios realizados demuestran que las causas mayormente asociadas a los primeros contactos de los jóvenes con las drogas son la simple curiosidad y la desinformación con respecto al tema. No obstante, a nivel familiar y social pueden ocurrir situaciones que abran las puertas a este fenómeno. Hablamos, por ejemplo, de desavenencia familiar, incomunicación entre padres e hijos, presencia de alcoholismo o consumo de drogas en los hogares, y la falta de orientación para la búsqueda de alternativas y espacios sanos para la recreación.

Más allá de los conflictos familiares y cualquier descontento de tipo social, el consumo de sustancias tóxicas se relaciona con factores de carácter individual, como bajo nivel de autoestima, impulsividad, poca tolerancia ante la frustración, dificultad para tomar decisiones, inestabilidad emocional, e incluso, antecedentes psiquiátricos.

El predominio del optimismo en nuestras actitudes aleja la búsqueda de estas, vale insistir en la premisa de que tú eliges, y por sobre todas las cosas es más fácil quedarse fuera que intentar salir este es uno de los lemas de la campaña antidrogas. El mejor antídoto lo constituye la incorporación de estrategias saludables de vida, experiencias de recreación más inteligentes y sanas, la propuesta de la lectura y del sano esparcimiento deja afuera a este flagelo.