El respeto: norma elemental en las relaciones humanas

El respeto norma elemental en las relaciones humanas El respeto norma elemental en las relaciones humanas Si a usted le preguntaran que entiende por respeto de seguro no vacilaría en responder que es ante todo obediencia pues sí, es acatar normas y reglas establecidas para el buen desenvolvimiento de la vida en colectivo.

Respetar no significa estar de acuerdo en todos los ámbitos con otra persona, sino que significa no atacar ni ofender a esa persona por su forma de vida y sus decisiones por supuesto la vida en sociedad se ajusta a normas de convivencia que no causen ningún daño o falten el respeto a los demás.

 El respeto también puede ser un sentimiento que lleva a la obediencia y al cumplimiento de ciertas normas (por ejemplo, el respeto a la ley). Desde las primeras edades al individuo se le inculca el respeto como norma elemental en el desarrollo armónico de las relaciones humanas. Es el hogar el primer escenario desde el cual aprendemos a respetar a nuestros padres, abuelos y vecinos en fin a todos los que nos rodean porque el respeto le pertenece a todos por igual sin discriminar edad, sexo, raza o credo.

Los adultos con su comportamiento en los distintos momentos de la vida  establecen patrones, nos referimos tanto en el seno familiar, en el barrio, hasta llegar a la escuela donde se potencia ese sentimiento hacia los profesores, la disciplina y el reglamento escolar, los símbolos patrios en fin todo lo que nos rodea.

Vivimos en colectivo ya sea dentro del entorno familiar o social, en ambos compartimos la manera de actuar, generalmente con distintas generaciones, pero todos confluimos en un mismo espacio por lo que para que exista armonía y un ambiente saludable tenemos que ajustar nuestra conducta a normas de urbanidad y respeto ciudadano desde el propio hogar y sus proyección en la sociedad.

Es necesaria la correspondencia entre lo que decimos y el comportamiento público, por eso debemos hablar bajo a las demás personas, sin gritar o insultar, se impone un solo modo de actuar no hay cabida a las dobles lecturas en nuestro proceder, nos referimos a las relaciones interpersonales no importa la edad o jerarquía entre los miembros, todos merecemos por igual y le debemos respeto al prójimo.

Pensemos cómo hablar de respeto a los niños y jóvenes si los maltratamos de palabras y acciones o delante de ellos se suceden manifestaciones de este tipo; si interrumpimos una conversación o mandamos a callar sin considerar el derecho del otro a ser escuchado; es un acto violento que denigra las relaciones humanas, la intimidad personal y familiar.

Compartimos nuestras vidas con el resto de las personas, primero en la niñez y luego en la vida estudiantil o laboral por ello no podemos imponer gustos, ni preferencias, la armonía se logra con tolerancia, con respeto a la diversidad de criterios solo así logramos enriquecer las relaciones humanas. A diario coincidimos  con otros individuos en la calle, en el mercado o en cualquier establecimiento público o de servicio cuan agradable es oír las palabras buenos días, permiso, se puede, por favor y tantas otras que facilitan el buen desenvolvimiento o nos encauzan por el camino correcto para el logro de los propósitos, estas conductas revelan educación y el respeto tiene que ser una constante a lo largo de la vida de cada persona.

No oír la música a niveles altos, no arrojar basura en lugares públicos además de respetar las normas que rigen la salud e higiene ambiental es no violentar las normas de urbanidad. El respeto a los demás es la garantía para que se nos respete.