Onelio Jorge Cardoso trazó pauta en la cuentística cubana, lo identifica el estilo económico y la utilización de los recursos técnicos que emplea. El magisterio de su oficio es una de las más auténticas expresiones literarias del suelo patrio. Su humildad y modestia ilimitadas, acompañaron su fértil existencia.
Desde los inicios cuando tenía 22 años, mereció el primer premio en el concurso auspiciado por la revista Social en 1936. Transitó por el género hasta dejarnos “Taita, diga usted cómo”, “Nino”, “Camino de las lomas”, “Mi hermana Visia”, todos pertenecientes a la primera mitad de la década de los 40. Ambientados en el mundo rural cubano, los personajes eran personas de condición social humilde. A los campesinos, Jorge Cardoso sumó luego los carboneros y los pescadores. Y así la esencia popular el contenido humano junto al reflejo de la dura situación social revelaba la autenticidad de sus obras.
Con total predilección por los libros y amante de los cuadernos de aventuras, tuvo Onelio sus primicias de escritor a los doce años. Sus cuentos dan la impresión de ser sencillos, un análisis detenido demuestra que tal sencillez es solo aparente. Desde las primeras líneas, cautiva al lector con su estilo breve y conciso como regla de oro. Fue madurando hasta lograrlo para narrar sus historias. Generalmente, sus textos poseen pocas páginas, y para esa extensión lo que más convenía es una prosa escueta, ágil. Sus frases directas y cortantes le permitían contar una anécdota o expresar una idea significativa con una admirable economía verbal.
La obra forma parte del patrimonio cultural del pueblo cubano. Algunos lo han concebido como el cuentero nacional, por el legado y su preocupación en la formación de los escritores de ahí que una institución, que ya cuenta con 15 años de feliz existencia, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, en La Habana, prestigia con su nombre la labor que allí se desempeña.
Los programas de estudio en las diferentes enseñanzas cuentan con la presencia de varios de sus cuentos ‘Francisca y la Muerte’, ‘El cuentero’, junto a ‘Los Metales’ y ‘Taita, diga usted cómo’, además figuran entre las opciones que promueven la lectura y el hábito de leer. Onelio, se estableció en el parnaso de los creadores cubanos, donde vive para siempre.
Ambientados en el mundo rural cubano, los personajes eran personas de condición social humilde. A los campesinos, sumó luego los carboneros y los pescadores. Y así la esencia popular, el contenido humano junto al reflejo de la dura situación social revelaba la autenticidad de sus obras.
Fue un excelente cultor de la literatura para niños, piezas como “El cangrejo volador”, “Pájaro, murciélago y ratón”, “La serpenta”, “Los tres pichones”, “Dos ranas y una flor”, “Caballito blanco”, “Carapacha y el río” merecieron la gran estimación que hoy se le tiene en esa faceta.
El cuentero mayor ahora rejuvenecido en estos sus primeros cien años continúa enriqueciendo el mundo espiritual de los lectores. Sobresale en sus obras el aliento, la esperanza, la mujer, la tenacidad, los niños, el sentido profundamente humanista y ético de su obra. Los propios postulados del autor hacen valedero que el hombre siempre tiene dos hambres: la física y la espiritual; ellos componen la obra de Onelio Jorge Cardoso, indudable maestro de la narración breve.