Discriminar es una actitud mezquina

No a la discriminaciónNo a la discriminaciónLa riqueza expresiva del idioma es ilimitada, hoy pretendo alertar acerca del uso del vocablo discriminación, por el significado, siempre nos alerta. En cualquiera de sus acepciones, constituye una agresión al ser humano. No debe existir en la sociedad, la exclusión como aptitud ante la vida; por el contrario ante el dolor, los problemas sociales o personales, la confraternidad es la mejor medicina.

Experimentar el rechazo, la soledad produce angustias que nos marcan. Los individuos infractores de la ley que cumplen o cumplieron sanciones penitenciarias, los que manifiestan una u otra preferencia sexual, los que viven con una incapacidad física o mental para el desempeño de una profesión o los que padecen el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida forman parte en Cuba de la sociedad; no obstante están marcados por tabúes y en ocasiones desde la propia familia o el entorno social se les pretende minimizar.  

 Nuestras vidas se enriquecen gracias a las relaciones humanas, ellas son un componente imprescindible en el crecimiento individual por lo que aprender a oír al otro, escuchar sus inquietudes, sus preocupaciones, responder con respeto a la manera de pensar de cada cual aún cuando existan discrepancias de opiniones es la base del entendimiento. La diversidad, la tolerancia, nos hace mejores seres humanos.

La exclusión o imposición es una manera de mostrar violencia, la prepotencia, el hacer prevalecer juicios absolutos, el establecimiento de normativas o limitaciones desde posiciones atrincheradas, sin el consenso colectivo, son actuaciones que nada tienen que ver con nuestra sociedad ni el modo civilizado de actuar en correspondencia con lo logrado hasta hoy por la humanidad.

La vida en sociedad nos hace mejores individuos. El poder de la compañía, de la solidaridad humana nos engrandece; desde el plano individual los hombres y mujeres se miden en el día a día, si nos equivocamos, si erramos y nos sancionaron recibimos el peso de la ley y la justicia. Discriminar es una actitud mezquina, el futuro comportamiento nos pondrá a prueba, dirá, si aprendimos la lección, rectificar es de sabios sin embargo cuando cerramos la puerta al otro nos degradamos como seres humanos esa actitud denigra porque acentúa el desarraigo.