Recuerdo que cuando era niña siempre acompañaba a mi mamá a las reuniones del CDR. ¡Para mí era una fiesta!. Para empezar, podía recitar la última poesía que había aprendido en la escuela, pero además, jugaba un rato con los niños del barrio, mientras durara aquel encuentro entre vecinos que exponían sus problemas.
Pero no fue hasta hace algunos años que comprendí que la mayoría de aquellas reuniones formaban parte del proceso de rendición de cuenta para solucionar las problemáticas que aquejan a los miembros de la comunidad.
Pero lo que sí entendía muy bien, a pesar de mi corta edad, era que Javier, el hombre que vivía frente a mi casa, escuchaba las dudas y siempre intentaba solucionarlas.
Hoy comprendo que Javier era el delegado, y mis recuerdos no fallan, porque siempre estaba tratando de gestionar aquello que plasmaban los vecinos como electores.
En Cuba el proceso de rendición de cuenta del delegado a sus electores es respetado y valorado por cada dirigente del municipio, la provincia y la nación. Defender los intereses del pueblo y trabajar por el bienestar del pueblo, es una de las premisas de los delegados en cada circunscripción y en cada Consejo.
Las rendiciones de cuenta generan planteamientos por parte de la población que cuando son sometidos a investigaciones y se estudian, en la mayoría de los casos representan un por ciento muy elevado del mejoramiento de la calidad de vida de los que confraternizan en una comunidad.
Es el delegado el encargado de trasmitir a los funcionarios superiores las necesidades básicas de sus electores que son planteadas en las rendiciones de cuenta. También es trabajo del delegado gestionar con las entidades las necesidades que ese elector tiene y con urgencia dejó en sus manos para que se despejaran los caminos y las soluciones.