Era solamente las seis de la mañana. Aún faltaban algunos minutos para que el sol permitiera ver con claridad las líneas del camino. Necesitaba llegar temprano y dispuso su vida en las manos de un chofer.
Algo malo presentía. No porque fuera adivino. Es que era evidente. Aún estaba oscuro, y la camioneta a la que subió y entregó su cuerpo, doblegaba el esfuerzo por una sobrecarga de pasaje. Llevaba muy poca luz y mucha, pero mucha velocidad.
Sé que no le resultará distante esta historia. Historia que guarda mucha similitud con hechos que acontecen a diario en las carreteras, por un descuido o una violación de las reglas de seguridad vial.
En varias oportunidades he escuchado la frase ¡Un pacito más, que se puede! ¡Corriéndose que el fondo esta vacío! Esto en las mejores ocasiones, en otras peores, he sido víctima de maltrato y he llegado a bajarme de vehículos porque al conductor sólo le importa que su camioneta para transportar personas esté atestada de pasajeros.
No estoy hablando del buen hombre que quiere ayudar al que se queda. Estoy refiriéndome al señor que solo ve en el rostro de las personas un billete más para su cartera. El señor que empuja, agrede, ofende y el señor que irresponsablemente pone en peligro la vida de todos sobrecargando un medio transporte. Muchas veces con las gomas, llantas y motores y en muy pésimas condiciones.
Considero que el transporte de pasajeros y la prevención de accidentes en la vía han de ir tomados de la mano. Cada vehículo tiene establecido la cantidad de personas que debe transportar, la velocidad que puede alcanzar, y las condiciones técnicas que no deben faltar para poder realizar dicha transportación. Solo por el descuido de algunas de estas regulaciones, muchas personas pierden la vida a diario en nuestro país.
Los accidentes de tráfico a veces no son tan accidentales. Cuando un chofer se dispone a conducir un carro sabe que no basta con que todos sus sentidos estén frente al timón. Cualquier desperfecto técnico puede traer consigo el advenimiento de un accidente. ¿Y qué me dice del que no le tiene miedo al alcohol? ¿El bárbaro que se toma unas cervezas y a darle rueda al carro? Siento mucha pena cuando voy por las carreteras y encuentro en las curvas pequeñas tarjas con dedicatorias de familiares y amigos a un ser querido víctima de un accidente de tránsito. Un ser al que tal vez, un imprudente le arrancó la vida de un solo golpe.


