Diversidad es marcar la diferencia, crecer aun cuando todo se marchite a nuestro alrededor. Diversidad es saber que somos iguales en teoría, pero que cada uno de nosotros es único e irrepetible.
Aceptarnos como tal es el reto para a la vez, entender que la sociedad cubana está viva y todos tenemos iguales derechos, deberes y oportunidades.
No obstante, la práctica pone de manifiesto comportamientos que excluyen, restan, intimidan, rechazan e incluso hacen sentir inferior al que es diferente. ¿Y por qué es diferente? Simplemente porque no piensa o actúa como usted, o porque no viste de la manera clásica o formal acorde a los de su grupo atareo, porque tiene un comportamiento distinto o una orientación sexual que no está a tono con lo que a usted le inculcaron como “normal” desde que era un niño...
No es así como debe apreciarse el valor de un ser humano. La conducta de cada cual en un momento dado o una etapa de la vida, no necesariamente define quién es o quién será en el futuro, y una sexualidad libre, definida hacia uno u otro sexo, tampoco es la carta de presentación de alguien, para encajar o no en una sociedad que no es perfecta, por supuesto.
Si miramos atrás, al lado, adelante, observaremos personas de todo tipo de personalidad, de mayor o menor educación y valores que demuestran lo aprendido desde la cuna. Pero no por elegir la homosexualidad como un estilo de vida y situación sentimental, quienes lo hacen deben ser juzgados o rechazados. Sin embargo, todavía sucede. En pleno siglo XXI, aún con la apertura de mentalidades que muchos han experimentado, todavía hay quienes miran como “bichos raros” a quienes solamente aman, viven, disfrutan de su cuerpo y eligen libremente a quien entregarlo.
No está mal ser diferente, tengamos en cuenta que la diferencia nos marca, nos identifica del resto, nos hace sobresalir entre la multitud. Pero no considero que esa diferencia deba ser cuestionada, o subvalorada, menos burlada.
Cuba debe continuar en su empeño de garantizar un mayor respeto a la diversidad sexual, verla de una manera más inclusiva, con mayor responsabilidad, porque la discriminación daña, duele, y estamos hablando de personas, de sentimientos, de una vida que solo quiere vivirse de la mejor manera.