El 29 de octubre de 1897 se aprobó la cuarta de las llamadas “Constituciones Mambisas”: la Constitución de La Yaya que tuvo como ilustres predecesoras a la de Guáimaro, en 1869: Baraguá, en 1878 y Jimaguayú, en 1895.
Los asambleístas reunidos en La Yaya, Camagüey, estructuraron la pragmática constitucional en un Preámbulo, 48 apartados y 5 títulos que contienen disposiciones sobre el Territorio y la Ciudadanía; los Derechos Individuales y Políticos; el Gobierno de la República; la Asamblea de Representantes y reserva el quinto a las Disposiciones de Carácter General.
En su preámbulo ratificaba “el propósito firme e inquebrantable de obtener la Independencia absoluta e inmediata de toda la Isla de Cuba para constituir en ella una República Democrática”, este designio es similar al proclamado en el Proyecto de Constitución que se debatió recientemente, cuando afirma en su artículo 1 la condición de Cuba como “Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano”.
En el primer título dejan pendiente una regulación posterior a la división del territorio. También establecen los requisitos para ser considerado ciudadano cubano y reconocen el deber cívico de servir a la patria. Por primera vez se establece el servicio militar como deber obligatorio e irredimible de los ciudadanos; mientras en el actual se plantea, de manera coincidente también en el artículo 3: “La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano”.
Por su parte, en el Título III las disposiciones quedaron ordenadas en cinco secciones: De los Poderes Públicos; Del Consejo de Gobierno; Del Presidente y Vicepresidente de la República; De los Secretarios de Estado y Del Secretario del Consejo de Gobierno
En estas preceptivas se ratifica la forma de gobierno de la Constitución de Jimaguayú y, del mismo modo, se establece la estructura, funciones y atribuciones indelegables del Consejo de Gobierno, en quién recae el poder ejecutivo de la República.
Hace 122 años, la Constitución de la Yaya, ratificó la voluntad de los cubanos de dotar al país de su Ley de Leyes aún en plena manigua insurrecta, y la aspiración ciudadana de modelar lo más democráticamente posible la futura República, que nacería una vez derrotado el coloniaje español en la isla.
Al igual que la constitución que le antecede, se refiere a las condiciones y procedimientos a seguir en caso de pactarse la paz con España, siempre basados en la independencia total y absoluta de la isla de Cuba.
Lamentablemente, apenas unos meses después de ser aprobada la Constitución de La Yaya, la situación cambiaría radicalmente con la intromisión yanqui en el conflicto cubano y los ideales republicanos plasmados en esta última Constitución Mambisa quedarían convertidos en letra muerta.
No renacerían hasta después del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, y hoy florecen en el debate popular de la actual Constitución que ha bebido en esas raíces para proclamar el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.


