Proteger al que consume

f0042643 Cada principio de mes sucedía lo mismo. Mi madre llegaba agotada del trabajo y como la bodega le hace camino pues aprovechaba y era ella la que compraba los mandados.

En casa solo somos dos personas, ella y yo. Así que la cuota del mes es bastante reducida. Pero no obstante, la bodeguera siempre se encargaba de restringirla un poco más.

Y a eso me refería cuando le contaba que siempre sucedía igual. Mi mamá agotada por el trajín del día, y a eso le sumaba la molestia y la indignación de soportar que le robaran algunas libras del arroz, el azúcar y hasta un poquito del aceite. Y sabíamos que nos faltaba, porque una vez los productos en casa los pesábamos. Y mi progenitora llamaba a las cien vírgenes y le subía la presión, pero de ninguna forma quería regresar a la bodega, para aclarar el asunto que más que asunto, se convirtió en un robo mensual con nuestros mandados.

Hasta este mes de octubre, sin que se diera cuenta saqué la libreta de su bolso y fui personalmente a enfrentar al león. O mejor dicho, a la leona que ni siquiera respondió a mis buenas tardes, que tenía muy mala cara porque la cola era bastante, y gritaba que se callaran y que se despegaran del mostrador que la ahogaban con tanto calor.

Y no se imaginaba ella que yo estaba más acalorada aún, esperando como presa su ataque ¿Ese es todo el arroz que me corresponde? Ni siquiera respondió, solo recibí unos retorsiones de ojos. Y entonces saqué mi arma secreta, la pesita de Pedro mi vecino, que me la prestó para la ocasión y ahí fue cuando ella empezó a sudar de verdad y a cuestionar mi actitud y la desconfianza. Y la cosa no terminó como un cuento de hadas, a ella no la volví a ver en la bodega, después de presentarme en la Oficina de Atención al Consumidor y explicar las desventuras que habíamos vivido en casa durante un buen tiempo.

Y yo me pregunto, ¿esa señora no conocía su trabajo? ¿Olvidó acaso que existe una resolución conocida como la 54 del 2018, que es una norma rectora para la protección al consumidor? ¿Que tengo todo el derecho amparado por la ley de recibir los productos y servicios con la calidad requerida? ¿Que se debe respetar la relación adecuada entre cantidad, calidad y precio?

Mi mamá me llamó la atención por mi actitud, pero no me importó en esta ocasión yo tenía la razón, fuimos victimas por meses, pudiendo evitarlo si hubiésemos acudido antes a exigir que se cumplieran las regulaciones establecidas para la protección al consumidor en nuestra bodega. Y creo que este tema tiene mucha tela por donde cortar, ejemplos no faltan, el pomo de champú en la tienda que le falta una buena cantidad, o el pollo bien congelado con bastante hielo para que pese más y las galleticas que a veces no tienen el precio a la vista. Tenga cuidado y ante personas como mi ex bodeguera exija sus derechos como consumidor.