Octubre con olor a mar y a rosas

camlo Desde que tengo memoria, cada 28 de octubre me llega con aroma a mar y a rosas, pues aunque parezca imposible esta mezcla de olores, y el mar se encuentre a kilómetros de distancia, la fuerza de tu recuerdo los une, los vuelve cercanos, tangibles…

Nuestro primer encuentro fue en los libros de la escuela, por medio de una hermosa ilustración que te mostraba radiante, coronada la cabeza por un sombrero de amplias alas. Al detallar tu rostro llamaban mi atención unos ojos que reían tanto como los labios cercados con bigote y espesa barba. Me impresionó ese joven rostro risueño y serio a la vez. Más tarde supe que tu nombre era Camilo Cienfuegos Gorriarán y aprendí a cantar una canción donde se te asociaba con una paloma y un león, balada en la que tu sonrisa y tu corazón eran iguales de grandes.

Fui creciendo en saberes y supe que naciste humilde, en una etapa donde Cuba era desangrada por gobiernos títeres, al servicio del imperialismo norteamericano. Conocí de tu   participación en manifestaciones para rendir homenaje a significativas figuras de la historia cubana y que incluso resultaste herido cuando las fuerzas del régimen dictatorial de Fulgencio Batista, arremetieron contra los manifestantes.

Crecí y tu figura creció conmigo, estudié entonces que saliste de Cuba, primero hacia Estados Unidos y después a México. En dicho país contactaste con Fidel Castro y junto a él navegaste en el yate Granma, proa hacia la inmortalidad, dispuesto a hacer historia.

Salté de gozo cuando sobreviviste en Alegría de Pío y te acompañé en tus hazañas como uno de los más relevantes combatientes de la tropa rebelde. Algún tiempo después fuiste ascendido y llegaste a ser uno de los Comandantes del Ejército Rebelde, un mambí de verde olivo que renovó  junto al Che la Invasión a Occidente, en nuevas condiciones históricas.

Sí, Camilo, conocí del júbilo por tu entrada a La Habana con la Caravana de la Libertad y de tu activa participación en las tareas después del triunfo de la Revolución, de tu prestigio como dirigente, de tu emotivo discurso ante el pueblo de Cuba frente a la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, discurso que nadie pudo imaginar, sería el último.  

Cada octubre me llega con olor a mar, porque en ese mes, dos días después de tu impresionante discurso, partiste hacia Camagüey para enfrentar a la traición y la venciste. Bastaron tu fuerza moral, tu prestigio y hombría para contener al traidor. Sin embargo, en el regreso se pierde tu rastro. La avioneta en que viajabas nunca llegó a La Habana.

Desde entonces yaces en el mar, un mar que cada octubre se cubre de rosas, porque en cada lugar de tu isla se te recuerda con flores en manos de niños, adolescentes, jóvenes, obreros, intelectuales. Porque las manos de tu pueblo  hilan una tradición que dura ya sesenta otoños, porque sigues aquí, vivo en cada espacio terrenal, vivo en las aguas de cada laguna, presente en las aguas de cada río que al llegar al mar, lo llena de olores tangibles a pesar de la lejanía… Así es como te recuerdo Camilo Cienfuegos… desde que tengo memoria.


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