Cuenta mi padre que en casa todos estaban felices cuando la doctora anunció con mi nacimiento el arribo de una niña a la familia. Todos excepto Félix, un primo de papá que intentó desalentarlo con mi llegada, diciéndole que no sabía cúanto se le complicaría la vida por tener una hija.
Y que lo peor vendría con mi crecimiento, porque las niñas no son iguales que los niños.
Y mi padre en aquel entonces muy joven aún, pidió una explicación que sustentara tal forma de pensar y sin muchos rodeos Félix se justificó con la frase de que las niñas son muy inútiles para todo. Y cuenta mi padre que los pies se le aflojaron un poco con aquella reflexión. Sin embargo, hoy me asegura que tuvo la oportunidad de demostrarle al pariente cuán equivocado estaba. Porque fui una niña normal, como todas las niñas en Cuba, y como tal me respetaron, me educaron y me ayudaron a crecer. Pero como dije anteriormente, fui una niña respetada, amada y cuidada porque corrí con la suerte de nacer en este país, pues en otros lugares del mundo las femeninas desde edades muy tempranas están destinadas a una vida llena de sacrificio tan solo por su género.
Es por ello que en 1995, en la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, los países adoptaron por unanimidad la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing: el plan más progresivo hasta ese momento para promover los derechos no solo de las mujeres, sino también de las niñas. Pero no fue hasta el 2011, que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña, con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas extraordinarios a los que se enfrentan en todo el mundo.
Actualmente, existen movimientos a favor del buen desarrollo psico-social de las niñas y considero que lograr la igualdad de género desde edades tempanas es una de las mayores batallas que todavía están por librarse en muchos países. Solo si garantizamos los derechos de las mujeres y las niñas podremos alcanzar la justicia y la inclusión, y entonces así, la vida en la tierra sería mucho más justa.
Destacar la necesidad de invertir y sensibilizar a la sociedad sobre el cuidado de las niñas debe ser una tarea de primer orden en la actualidad, donde todavía existen sociedades que no logran romper el ciclo de discriminación y violencia. Y le propongo amigo lector que desde nuestro podio seamos cómplices de esta lucha que aún libra el mundo, para promover y proteger los derechos humanos de las niñas.


