
Todos la añoramos cuando no la tenemos. La almacenamos para conservarla en caso de alguna emergencia. Nos mantiene vivos, nos satisface ante el intenso calor del verano y posibilita, entre otros beneficios, la higiene personal y de nuestro hogar.
Así es, hablamos del agua, un líquido al cual prestamos siempre el debido interés, planteamos constantemente en las asambleas y en cualquier espacio su ausencia. No obstante, cuando podemos contar con él, hacemos caso omiso a las medidas de ahorro. Un tema al cual nos referimos por su importancia, más aún en tiempos donde predomina la sequía.
Tengamos en cuenta que la disponibilidad de agua de Cuba, por su carácter insular, depende del comportamiento de las precipitaciones. El propio cambio climático está provocando que, principalmente en la región del Caribe, llueva cada vez menos.
No olvidemos que la situación de intensa sequía provoca incumplimientos en los planes de producción de carne, leche, pérdida de peso en la masa ganadera… en general, alteraciones en la estabilidad de la economía de San Antonio de los Baños.
Si a ello sumamos las dificultades que constantemente se manifiestan en el territorio que influyen en el abasto de agua, motores averiados, salideros en las redes hidro-sanitarias, entonces usted coincidirá conmigo en que la situación es compleja. La escasez de un líquido vital, a veces se va dilatando en el tiempo y no solo dificulta la vida de las personas, sino el desarrollo económico del país.
El acceso a este recurso es un tema de suma prioridad en la agenda de los gobiernos a nivel internacional. Tanto así que se establece un Día Internacional del Agua, para contribuir a la toma de conciencia en cuanto a su uso racional.
Y habrá quienes expresarán: “Es difícil ahorrar porque aunque lo hagas en tu casa, cuando sales a la calle te encuentras el salidero en la esquina, en el baño del hospital o en la escuela, y también en las empresas estatales”. Pero si no apelamos a la conciencia colectiva para cerrarle la pila al derroche, se desperdiciará mucha más cantidad de este regalo valioso de la naturaleza, que pudiera emplearse en la economía, especialmente en la agricultura y servicios esenciales de la sociedad.