Hasta que mi salud me lo permita

20190919 054937 A penas son las cinco de la madrugada y Nidia Sánchez Simón no necesita un reloj para despertarse. El madrugar se ha vuelto un hábito incorporado en su día a día. Cuarenta y nueve años ininterrumpidos al servicio del magisterio hacen de ella una mujer especial.

Conoce muy bien a los niños, a su familia, e incluso, puede emitir un diagnóstico rápido y certero de los estudiantes con solo mirarlos. Su encanto no es magia, solo experiencia y amor profundo por la profesión más generosa que existe.

En su familia no hubo inclinación por el magisterio pero, sí exigencia para que estudiara. El círculo de interés que en su tiempo de estudiante se llamaba Guerrilleros de la Enseñanza, le ofreció la oportunidad de ser responsable de equipo y despertar en ella el deseo de ser maestra, una profesión que considera bella y noble.

Muchas generaciones le agradecen su paso por la enseñanza primaria, quince años en las aulas de las escuelas Ramón López Peña y Enrique José Varona, hoy Secundarias Básicas. También tres como Directora hasta que ocupó la plaza de Metodóloga de Primer Ciclo en el municipio de Caimito durante diez cursos.

En 1990 busca cercanía a su residencia en Vereda Nueva y trabaja como Jefa de Primer Ciclo en la escuela primaria Miguel Perera Ortega por un período de dieciocho años hasta su jubilación.

Pero quien ha vivido pegado a las tizas, las pizarras, los planes clases y especialmente a los niños, a sus llantos y alegrías, a sus metas se le hace difícil emprender la etapa de reposo en el hogar. Aún con el corazón estrujado Nidia no tuvo opción de acogerse a los cambios que extendían la Ley de jubilación por la seria situación que padecía su padre en cama. El deber era allí junto a él. IMG 20190912 170327

Después de su muerte ella vuelve a las aulas como profesora de octavo grado en la otrora Ceiba 6 donde laboró dos cursos porque la escuela cambió a la Enseñanza Técnico Profesional.

Desde luego, su carrera buscó otro rumbo. Cuando habla de ese tiempo saltan lágrimas en sus ojos y exclama profesora de Historia y Cívica a los alumnos de séptimo, octavo y noveno grados en la escuela de conducta Fabricio Ojeda de Caimito, fue una experiencia maravillosa. Conocer a los adolescentes y quererlos con sus problemas y carencias me hizo amarlos más. Este centro escolar pasó para Güira de Melena, entonces comenzó en la escuela Pedagógica Abel Santamaría Cuadrado. Allí se sintió plena, repleta de felicidad en la comunicación diaria con los jóvenes a los que intentó contagiar el amor por la profesión. Así recibió muchos reconocimientos en su labor pedagógica.

Ahora lleva tres cursos en la enseñanza especial atendiendo a niños con discapacidad. A su criterio Otra de las tareas que engrandece la sensibilidad humana y te hace ser cada día mejor, querer al prójimo y ayudarlo.

Nidia Sánchez no imagina un día de su vida sin enseñar porque le place educar. Presta libros, aclara dudas, regala lápices y sabiduría. Agradece el afecto de niños y padres en su largo andar. Con mil emociones que estremecen dice que no cambiaría su carrera por otra, enseño pero aprendo, doy cariño y recibo pasión, llevo una aventura encaminada a brindar un ingrediente aglutinador en el proceso educativo, ternura, sonrisas, cariño a los que tanto necesitan, creo que cumplo con la misión primordial de mi carrera que es ennoblecerla.

El aumento salarial recompensa su sacrificio para que tal vez se regale un antojo pero estuvo en los momentos más duros en la educación y nunca se rindió. Ya cobró como nunca antes y se pone otros retos. Agradece a la Revolución en la formación del hombre nuevo y descansa con la satisfacción de ver en cualquier lugar a la doctora, el electricista, la periodista y el vendedor que le dicen ¿Profe no te acuerdas de mí?.

El magisterio ha sido el pilar de su vida. Hoy, como maestra ambulante, se le ve en Genético, Caimito y cualquier lugar del territorio caimitense, lleva esperanza a los pequeños que no pueden ir a la escuela. Si la encuentra, dele los buenos días y déjele una sonrisa para alentar su espíritu valiente, pues cuando le hablan de retirarse aclara: Seré Maestra hasta que mi salud me lo permita.   

  


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