Mujeres heroicas

jdsdsgg Los últimos momentos de sus vidas fueron violentos y crueles, sin embargo, Clodomira y Lidia jamás traicionaron la causa Revolucionaria.

Lidia Esther Doce Sánchez y Clodomira Acosta, grandes amigas y compañeras de combate, cumplieron con valor y audacia diversas misiones encomendadas por Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, al gozar de la confianza de ambos líderes.

Luchadoras revolucionarias durante la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista y miembros del Movimiento 26 de Julio. Se incorporaron al Ejército Rebelde en calidad de mensajeras de la Sierra Maestra.

Lidia Esther Doce Sánchez ‘’La nena’’ nació el 27 de agosto de 1916, en Mir (antigua Provincia de Oriente). Desde el Cuartelazo del 10 de marzo de 1952, Lidia mostró su rebeldía contra la Tiranía Batistiana. Al producirse el desembarco del Yate Granma ya era una mujer juiciosa y responsable y decidió unirse al Ejército Rebelde.

Partió a San Pablo de Yao, en Oriente, allí la encontró el Comandante Ernesto Che Guevara en 1957. A decir del Che, ‘’Lidia desde el primer momento que se unió a los trabajos de la revolución lo hizo con una devoción particular. Llevó y trajo de la Sierra los más importantes mensajes, cumplió las más arriesgadas misiones entre el llano y las montañas, condujo ejemplares del periódico guerrillero El Cubano Libre, medicinas y todo cuanto se le ordenó transportar’’.

Cuando el Che comienza la invasión, recién llegado a Las Villas, Lidia se puso en contacto con él, pues debía ser ella el principal enlace suyo con La Habana y la Comandancia General. Pero no pudo realizar la misión, por ser capturada en la Capital cumpliendo una misión junto a su compañera de lucha Clodomira Acosta Ferral.

Clodomira Acosta Ferral nació en Cayal, Manzanillo, el 1 de febrero de 1936. Fue una valerosa luchadora por la causa de la libertad de Cuba durante la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista. Aunque campesina analfabeta, era inteligente y astuta, armas que utilizó para burlar las trampas de la tiranía desde su incorporación con 20 años de edad al Ejército Rebelde.

Mensajera incondicional, aguerrida protagonista de innumerables hazañas, fue un valioso enlace entre la Columna Uno José Martí, dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro, y los demás refuerzos del Ejército Rebelde que operaban en la Sierra Maestra y el Llano durante la lucha insurreccional.

A Clodomira no le faltaba temperamento para imponerse; y aunque no poseía instrucción, era capaz de realizar misiones delicadas pues era muy hábil para burlar al enemigo. En dos ocasiones resultó prisionera de los soldados del régimen, sin embargo, esto no le impidió arriesgarse dentro de las instalaciones batistianas, si con ello conseguía cierta ventaja para los rebeldes.

lidia-doce2 Ambas luchadoras llegaron a La Habana como mensajeras de la Sierra, primero Lidia Doce Sánchez y después, el 9 de septiembre, Clodomira Acosta Ferrales. Se hospedaron en la casa de un combatiente clandestino que producto de la delación fue asaltada por miembros de la policía. El 12 de septiembre de 1958 fueron apresadas por la dictadura batistiana; los otros combatientes revolucionarios se enfrentaron a los esbirros y fueron ultimados.

Durante días soportaron el martirio del connotado criminal al servicio de la tiranía batistiana Julio Laurenti, quien, al fracasar en sus torturas, en la madrugada del 15, ya moribundas, las metieron en una lancha, en La Puntilla, al fondo del Castillo de la Chorrera, y en sacos llenos de piedras las hundían en el agua y las sacaban, hasta que al no obtener tampoco resultado alguno, las dejaron caer en el mar donde desaparecieron sus cadáveres el 17 de septiembre de 1958.

El Comandante Guevara las recordó así:

‘’Sus cuerpos han desaparecido, están durmiendo su último sueño, Lydia y Clodomira, sin duda juntas, como juntas lucharon en los últimos días de la gran batalla por la libertad. (...) Dentro del Ejército Rebelde, entre los que pelearon y se sacrificaron en aquellos días angustiosos, vivirá eternamente la memoria de las mujeres que hacían posible con su riesgo cotidiano las comunicaciones por toda la Isla y entre todas ellas’’.

Referencias: Ecured


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