Rubén Martínez Villena
Rubén Martínez Villena, inmortal por la contribución a la causa, trasciende por su trayectoria revolucionaria. Reconocido como líder obrero y estudiantil, poeta y revolucionario tuvo como principal anhelo ver a Cuba libre. Vivió solo 35 años. Muere el 16 de enero de 1934 debido a la tuberculosis.
La intensa labor literaria de Rubén Martínez Villena abarca una vasta obra, que incluye: La pupila insomne, Mensaje lirico civil, Canción del sainete póstumo, Medalla del soneto clásico y numerosos trabajos publicados en revistas y periódicos de la época.
La vida y obra de Rubén Martínez Villena constituye fuente permanente de estudio e inspiración para la juventud y la sociedad cubana en general. Su obra poética tiene un lugar destacado en la literatura cubana de las primeras décadas del siglo XX y confirma el temprano y definitivo compromiso con la causa de la justicia y la razón.
En el poema “Mensaje Lírico Civil”, devenido en documento histórico se revela como el guía indiscutible de una generación inconforme con los destinos de su patria. Reconocido además como el poeta de La pupila insomne es de esos hombres que no mueren nunca. Hay hombres que viven decenas de años y no dejan una impronta en la vida. Hay otros que aunque pasan fugazmente, marcan el tiempo que les tocó vivir, y el tiempo por venir. Ese fue Rubén Martínez Villena. Así lo revela en el poema en 1923:
Tengo el impulso torvo y el anhelo sagrado
de atisbar en la vida mis ensueños de muerto
¡Oh la pupila insomne y el párpado cerrado!
(¡Ya dormiré mañana con el párpado abierto!)
Había nacido el 20 de diciembre de 1899 en Alquízar, La Habana. Poeta y luchador antiimperialista, sobresalió por su amor a las letras y la libertad de su patria. La Protesta de los Trece llevó su nombre, fue además organizador de la Falange de Acción Cubana, dirigente de la huelga de marzo de 1930, miembro de la Liga Antiimperialista de Cuba, militante del Partido Comunista desde 1927 y miembro de su comité central, junto con Mella. Trabajó arduamente en la preparación del IV Congreso Nacional Obrero de la Unidad Sindical y su clausura coincidió con su fallecimiento.
Antes había manifestado: «Se debe morir de un tiro entre las masas y no por quiebra del corazón». De ahí que en la URSS, donde fue recluido para atender su enfermedad pulmonar en un sanatorio del Cáucaso, dijera, en abril de 1932: «Si de todas maneras tengo que morir, me voy a Cuba a luchar contra la tiranía de Machado». Sufre una congestión pulmonar y se ve obligado a recluirse en la Quinta de dependientes. Sin haberse restablecido del todo, se reintegra a la lucha. Puso su saber de abogado al servicio de los trabajadores.
El notable intelectual cultivó la poesía, el cuento y el ensayo con idéntica pasión, fue un fiel seguidor del pensamiento martiano y perteneció a la generación de revolucionarios, que siguieron la línea independentista iniciada por los soldados del ejército mambí.
Es innegable el protagonismo de Villena en las letras cubanas, en sus obras nos sensibiliza el profundo lirismo, la riqueza expresiva que la derrochó en una muestra de magistral poesía, lamentablemente de breve amplitud, en gesto propio de los elegidos, había renunciado a su interés por la literatura al vislumbrar la urgente necesidad de dedicarse por entero a la política para enfrentar la corrupción del poder, hecho cotidiano en nuestro país durante las primeras décadas del siglo XX.
Identificado con las ideas progresistas vigentes en aquella época, Villena se sintió cómplice del batallar de insignes personalidades como Juan Marinello, Julio Antonio Mella y Pablo de la Torriente Brau, compatriotas que como él, no sabían lo que significa ceder en sus empeños por alcanzar una sociedad cubana diferente.
Fue Villena un ferviente intelectual y combatiente revolucionario que dejó tanta sabia en la lucha social como en el arte. De hecho, si alguna frase definiera con exactitud su personalidad, es la de su amigo y compañero de luchas Raúl Roa cuando expresó: "desafió mil veces la muerte y quemó alegremente su vida".
Rubén se mantuvo activo, nada lo detuvo a pesar de su desgastada salud; escribió: Es un anhelo impreciso de árbol; un impulso de ascender y ascender hasta que pueda ¡rendir montañas y amasar estrellas! Y lo logró se inscribió en las páginas gloriosas de la historia.
Hombre de su tiempo, proféticamente declaró: «Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones (...)» Y en ese legado bebieron los continuadores de la gesta redentora. Y Fidel le respondió a distancia: «Desde aquí te decimos, Rubén: el 26 de Julio fue la carga que tú pedías». Expresión de la continuidad histórica de la Revolución.
No existe mayor lección que la vida entregada por nuestros héroes y mártires a favor del destino de la patria. Para nuestros niños y jóvenes conocer de la vida de Rubén Martínez Villena resulta la mayor prueba en el empeño de ser mejores seres humanos.