Su legado es una guía

Pedro t

Pedro Téllez Valdés, despuntó como uno de los jóvenes cubanos que mostraría al tirano Fulgencio Batista la proximidad de su rendición de cuenta ante la historia.

Ese hecho de sangre y fuego, fue el ataque al Palacio Presidencial, una arriesgada acción que no alcanzó los objetivos deseados. Natural de La Habana, Pedro Téllez vio la luz el 16 de septiembre de 1920. A los 10 años de edad fue a convivir con su abuela paterna a la provincia de Pinar del Río. Allí, culminó los estudios elementales y matriculó en la Escuela Profesional de Comercio, de la cual egresó como contador. Mientras estudiaba aprendía el oficio de carpintero, lo que le reportaba modestos ingresos para el sostén económico.

Después de graduarse como contador, inició estudios de Ciencias Comerciales, los que tuvo que abandonar para trabajar como empleado en la Oficina de Correos de Pinar del Río, y poder ayudar al sustento financiero de su abuela. En la década del 40 del siglo XX, Pedro se vinculó al proceso revolucionario contra los gobernantes de turno. Al producirse el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, se hizo más activa su participación en la lucha contra la tiranía; y aprovechó todas las oportunidades para manifestar su repudio a la corrupta administración político-administrativa de Batista.

Pedrito, como le nombraban sus amigos, se caracterizó por ser reservado, respetuoso, de carácter fuerte, y no toleraba imposiciones. Perdió su oficio en las oficinas de correos, al desplegar una prolífica campaña opositora contra la firma de los estatutos impuestos por el régimen dictatorial batistiano.

Téllez, como miembro de una célula del Movimiento 26 de julio, hizo planes para unirse a Fidel en la Sierra Maestra. No pudo materializar su anhelo, porque la muerte lo sorprendió cuando cumplía la encomienda de atacar el Palacio Presidencial; acción en la cual demostró con creces su valía como revolucionario.

Sin proponérselo, Pedro Téllez Valdés forjó una estela de combatiente audaz con decisiones firmes; y de hombre querido y respetado por sus compañeros.