Altamente emotivos fueron también los homenajes organizados por el Hotel Nacional, el complejo La Ferminia y la Universidad de La Habana, en una de cuyas aulas se le recibió y los artistas y escritores de la antigua Habana le obsequiaron una obra del pintor güireño Bladimir González Linares.
El complejo Morro-Cabaña, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, la Catedral de La Habana, la Escuela Internacional de Cine y TV, el Cine Riviera, el pueblo de San Antonio de los Baños, incluyendo las casas de Tony y la de su madre, el Malecón habanero, el Mirador de Bacunayagua, el Hotel Meliá Varadero, y el hotel Las Terrazas de Tarará, donde se alojaron cuatro días… cada visita se convertía en un desbordamiento espontáneo de admiración y cariño por aquella mujer de voz susurrante y más bien grave, que hizo inolvidable canciones como Fumando espero, El relicario, Contigo aprendí y Bésame mucho.
Luego de El Último Cuplé (1957) siguieron cintas de gran éxito: La Violetera (1958), Carmen la de Ronda (1959),Mi último tango (1960), Pecado de Amor (1961), La bella Lola (1962), La dama de Beirut (1965), La reina del Chantecler (1962), Noches de Casablanca (1963), La mujer perdida (1966), Varietés (1971)(dirigida por Juan Antonio Bardem) y Cinco almohadas para una noche (1974).
A partir de ahí, abandonaría la gran pantalla para dedicarse a los espectáculos musicales en teatros y televisión, donde contó con la colaboración de José María Cano (grupo Mecano), Joaquín Sabina y Javier Gurruchaga. Para Televisión Española protagonizó dos programas: Sara y punto(1990) y Ven al Paralelo (1992).
Dos meses exactos (16 de marzo al 16 de mayo de 2002) permaneció en Cuba Sara Montiel. En el aeropuerto de La Habana, una señora, muy nerviosa por la sorpresa de encontrarla allí, la confundió con “Isabel Pantoja”.
La casa capitalina donde se alojó con su prometido Tony Hernández, comenzó a tener problemas con la ducha (al tanque de la azotea llegaba poca agua). Una tarde, al salir del baño, tan cachonda y sonriente, dijo en perfecto castizo: "Me he bañado con tres gotas".
Simple anécdota que colorea el afectocon que Sara Montiel vivió en nuestra isla.
A 17 años de su visita y luego de su fallecimiento en Madrid de primavera (el 8 de abril de 2013), lo perdurable es el sentido cultural que adquirió su presencia, su diálogo y cercanía con un pueblo que quiso y sigue queriendo a la violetera Sara Montiel.
Nota:
A él (Tony) agradecemos las valiosas informaciones para este artículo.

